miércoles 23 de septiembre de 2009

Tutti frutti - Little Richard

Atropellado, quemándose las yemas de los dedos en las teclas. Emanando torbellinos de su garganta. Cara rebelde emplastada de maquillaje y sudores. El tupé más lacado del rock and roll primigenio. Súmale vinilaco de 180 y carpeta gruesa con notas originales en la contra, más un buen reclinatorio y piscolabis, y la música regresa a su punto de ebullición a todo gas… ideal cuando hoy en día todo son vitrocerámicas. Por si todavía no se fían, a la orden de “¡auán babuluba balán bambú!” pónganse firmes. ¡Ah, y dos apuntes para frikis!: la intro vocal es un intento de emular un redoble timbalero y, segundo, en origen la letra tenía una temática de corte “homoparty furiosa”. Tutti frutti – Little Richard (Richard Penniman, Dorothy LaBostrie, Joe Lubin; Here’s Little Richard, 1957).

Listen to the heartbeat - D. L. Byron

Loa previa se merecen los Nuevo Catecismo Católico, pues por ellos me llegó. Tras la pertinente búsqueda uno se topa con un artefacto de vibrante nueva ola, de emocionante pop ruidoso, de calle y chicas y ganas de ir a conciertos donde el sudor es sincero, donde el escenario aún es humano y no territorio vedado. Una platea aún no consagrada, ni altar ni leches, que incluso pisas cuando apuras para ir al baño entre pase y pase. Rock and roll de chicle y zapatillas rotas, chulería pero buen rollo. Un corazón que late por la vecinita de al lado, no por la vampiresa endiosada. Listen to the heartbeat – D. L. Byron (David Leigh Byron; This day and age, 1980).

martes 22 de septiembre de 2009

Sugar baby love - The Rubettes

¡Peligro! Están ustedes ante la transición del glam rock a la disco music. O eso dicen los savants de enciclopedia musicoidea. Pues yo digo que no, que el que nuestra patrocinada anime a mover las caderitas no indica que inspirase a Giorgio Moroder y demás quiebrapistas sintéticos. Esos coros, ese barroquismo, ese ritmo bamboleante… esas guitarras, que ahí están. Pop, con un estribillo de esos que te persigue jadeando en tu nuca… y que cada cual entienda lo que quiera, sentado en sofá de "sky" o como carallo se diga. Sugar baby love – The Rubettes (Wayne Bickerton, Tony Waddington; Sugar baby love, 1974). nota: en su edición original fue single, supongo que antologías varias hay disponibles.

lunes 21 de septiembre de 2009

Surrender - Cheap Trick

Con “Surrender” me quedan las mismas sensaciones que con el “Starry eyes” de los Records, en lo bueno y en lo malo. Cuando me puse a palabrear sobre la segunda obvié el contexto, aquí va: temazo en un disco que a ratos hace aguas, siempre tengan presente que yo y el power pop las más de las veces no hacemos buenas migas. Volviendo a Cheap Trick, hay que dejar claro que lo suyo es una onda de rock setentero que con los años tenderá al AOR… ¡uuuargh! Salvadas estas distancias entre ambas, cuando me pongo el “Surrender” siento el mismo cosquilleo en el alma, la llamada a la causa del Ejército de Salvación del Ró, pazguatos que aún creemos que hay magia en determinadas músicas. Que “Heaven tonight”, el largo, falle en su aplomo a la hora de tenernos como diana para sus dardos de guitarreo cuasi hard, no quita que nuestra protagonista cabalgue haciendo saltar chispas de sus cascos. También impagables las risas de comprobar que en las carpetas de sus discos ponen a los componentes guapos en la portada y a los feos en la contra. Y además la revelación literaria de las aventuras de este combo, que leí recientemente en una revista que reposa ahora a mil kilómetros de distancia y he olvidado por completo… por ello las releeré gustoso, pues esa es otra de mis aficiones melómanas: revisitar viejas publicaciones. La chispa en la cabecita la prendió el visionado del “Surrender” en el “tutubo” en su versión en directo en el nipón Budokán… ¡coño, el puto friki de la guitarra me suena un huevo! El otro vibraba mientras cargando leches (juego, más bien jugo, de palabras) con este temón. Sí, ¡temón! Surrender – Cheap Trick (Rick Nielsen; Heaven tonight, 1978).

jueves 17 de septiembre de 2009

Glory hallelujah! - Golden Gate Quartet

¿Recuerdan las cotidianeidades que les conté en su día a propósito de Nuestro Pequeño Mundo y de Guns ‘n’ Roses? Las disparidades a veces tienen jugo. Al igual que ante la falta de rock me entregué a la reconversión del folk y el dylanismo por parte de NPM (y sigo cautivado por su obra, créanme), con los Golden Gate Quartet casi me ilumino y me entrego al “choirismo” gospeliano. Pero aquí las circunstancias eran diferentes, NPM compartían estantería con mil y un vinilos familiares mientras que los cuatro morenos protagonistas eran plato de gusto ante lo escueto del menú. Ya saben que mi primer cedele fue el “Appetite for destruction” de los G’n’R, lo cual es como si te regalasen un balón oficial de Champions para pelotear en el patio. Mi padre acababa de traer a casa el primer reproductor de cedeles del hogar (aún sigue en uso) y posteriormente fue trayendo discos con los que alimentarlo. A mí me cayó en suerte el mentado “Appetite…” y después un disco de “chunda chunda” que recibí contrariado (en un gesto propio de adolescente con poco tacto para recibir regalos no adecuados… algo que hemos solucionado en las cartas a los Reyes Magos con la coletilla “no compreis otro si no encontrais este”, porque soy "rarito para los regalos”) a pesar de que mi padre aseguraba que era “número uno en Suecia”. Pero antes de estos episodios, la discoteca digital familiar la inauguró ni más ni menos que el gargantismo divino de los Golden Gate Quartet. Es curioso que siempre hemos sido un poco lejanos a modas y demás, pues pasamos meses quemando este disco antes de que la tele comenzase a descriogenizar al cuarteto coral en una y cien apariciones en programas de varietés… supongo que Boney M se habían caído definitivamente del cartel. Nunca entendí el porqué de ese revival gospel, aunque he de reconocer que los setentones integrantes del Golden Gate Quartet lo defendieron muy dignamente… pero de aquella yo ya estaba a lo mío, al “ró” y todo eso. Volviendo a las primeras escuchas, les di tanta cancha que incluso figuran en uno de mis recopilatorios cassetteros. El voceado de garganta morena de “On the sunny side of the street”, “Glory hallelujah!”, “When the Saints go marchin’ in”, “Sweet Georgia brown”, “Oh! Happy day” o “Basin Street blues” era portentoso, con lo que a una imaginación tan fértil como la mía con (ni siquiera) 15 años no le era difícil cerrar los ojos y enarbolar la cruz para ponerse al frente de todas las expediciones que contra el infiel hiciesen falta. La sangre no llegó al río, gracias de nuevo a la imaginación, y afortunadamente el Señor (aquel señor, el del bigote, el de la tienda de discos) me cogió de la mano (aunque sólo para darme el cambio) y me desembaló en una lavandería de rock and roll. Abro los ojos, punto. Glory hallelujah! – Golden Gate Quartet (Tradicional; Spirituals to swing, 2000). nota: cito el recopilatorio de rigor, que recoge grabaciones de 1955 a 1969, y que creo que es el mismo que figura en la discoteca familiar… a la cual en estos momentos no tengo acceso pues está a mil kilómetros.

martes 15 de septiembre de 2009

Born to be wild - Steppenwolf

Sí, la de “Easy rider”. Una película a la que siempre guardaré un cariño especial porque supuso un visionado iniciático, no hacia el submundo de literaturas y contraculturas (no necesito una película a modo de revelación, es mejor leer) contempo(p)ráneas sino a soñar con viajes transfronterizos. En edades tempranas es habitual desear dejarlo todo a un lado y ser libre sin darnos cuenta de lo libres que somos. A fin de cuentas, mola mucho beber y follar internacionalmente, pero soportar el asedio de cucarachas (en el afortunado caso de dormir bajo techo) o reptar al punto de congelación por cunetas pues qué quieren que les diga. A los Steppenwolf luego los videé en un directo en un festi de época, con sus melenitas y sus acordes de acero hippy. Por mí como si se iban a tocar a Astracán, ni fu ni fa. Pero enmarañado entre escalas de rock ácido (para mercadeo, ojito) guardaban ese manual de pequeños sueños, de México, de maletín cargado de pasta, de la dulce Rosita de turbulentos pechos y turgente vida (sí, con el orden de factores alterado, otro día les explicaré cómo es una vida turgente pero no turbulenta), de locuras y risas y evasiones… No hizo falta que pasaran los años, bastaba con despertar al día siguiente y darse cuenta de que si uno disfruta planificando, improvisar le va a quemar el turbo. Pero siempre estará ahí “Easy rider”, con el Mardi Gras de Nueva Orleáns y Toni Basil bailando ebria entre tumbas. Born to be wild – Steppenwolf (Mars Bonfire; Steppenwolf, 1968).

jueves 10 de septiembre de 2009

Supersonic enemy of Devil - Guzzard

Una de mis pasiones es acumular conocimiento. La mayor parte de esta intangible información es inútil, futil e incluso imprecisa. No busco cultivarme, sino llenarme; tampoco se trata de dominar disciplinas, sino de alentar pasiones. Se que uno es más capaz con unas pocas dosis de jardinería, fontanería y dominio de mandos de televisión… pero yo prefiero devorar intelectualmente tratados sobre banalidades tales como (cito lo registrado por mi cabecita en la última semana) guerrillas y grupos terroristas tardoseculares, genealogías regias altomedievales, fútbol y camisetas vintage, mafias y tribus urbanas, procesos de grabación “bitelianos”… todo condimentado con una brisa pornográfica, para darme un respiro entre tanta letra. En una de estas incursiones, las no explícitas (aunque pensándolo bien todas lo son), topé con una rara entrevista con CJ, el ex bajista de los Ramones. Llegué a ella tras rastrear y petarme de declaraciones de Ed Stasium, (el) productor de la banda. Volviendo al bueno de CJ, en sus disertaciones uno encuentra chicha buenísima si es mitómano de los de Queens: ahonda profuso en los entresijos de las últimas grabaciones y giras, las relaciones internas… que a los ensayos Joey no iba, que en su primer encuentro tuvo la feliz idea de preguntarle a Johnny por su mujer (ex novia de Joey), que Marky era tan perfeccionista que registraba al menos 30 tomas de cada batucada suya en estudio… Se explaya asimismo sobre la gran ocasión perdida por el combo cuando finiquitados sus contratos con Gary Kurfist y Sire, entregado “Loco live” a esta y a Chrysalis, la pujante Epitaph (escudería de los multiventas Offspring, Nofx, Bad Religion… el punk volvía a estar de moda) les “ruega” (así lo dice) grabar para ellos y unirse además al management de los puntales del nuevo punk noventero. Dice CJ que Johnny y Joey decidieron renovar con Kurfist y seguir con Chrysalys bajo una etiqueta nueva creada por el manager y que él, antes de firmar, les dijo que estaban perdiendo la más grande oportunidad de sus vidas para obtener el tan ansiado éxito discográfico. Le mandaron a paseo y le trataron como a un nené bocazas y quedó marcado los cuatro años de carrera restantes, previo lanzamiento de un magnífico “Mondo bizarro” que no se comió un rosco en tiendas y que, según él, en otras manos podría haber petado de lo lindo el mercado. “Supersonic enemy of Devil” también peta, la entrada sobre todo. Y en el subconsciente te habla de que los tres acordes, la velocidad, el tocino y los Ramones deberían ser de enseñanza obligada desde Primaria, porque con estas lecciones aprendidas se hacen las cosas de manera muy eficiente, contundente, sincera… incluso se puede soñar con salvar el rock and roll. Supersonic enemy of Devil – Guzzard (Tom Beeman, Pete Beeman, David Paul; Quick! Fast! In a hurry!, 1994).

martes 8 de septiembre de 2009

Stand by me - Ben E. King

Anhelaba, pero callaba. Cuando hablé se perdió. Hubo más, pero preferí soñar antes que cavar otra zanja para enterrar ilusión. Han pasado muchos, muchos años. Ya no me hace daño. Ahora soy feliz, no necesito ver Bricomanía para aprender a pegar trocitos de corazón roto. Stand by me – Ben E. King (Benjamin Nelson, Jerry Leiber, Mike Stoller; Stand by me, 1961). nota: cito edición original, yo la pillé en el típico recopilatorio negroide sesentero y ahora debe rular por Internet como pez en el agua.

viernes 4 de septiembre de 2009

Let's dance - Chris Montez

“A bailar… tiroriro tarirorará… a bailar… tiroriro tarirorará… nonainonananá nananinananá… a bailar”. Pop de párvulos, con ese encanto del recreo continuo de jardín de infancia que remite a teclado Casio portátil, con la memoria de ínfimos “kas” y lucecitas para seguir la melodía. Con la tele en blanco y negro no se ve el acné del “jaimito” y nos hacemos una idea errónea del intérprete, que simplemente expresa el anhelo de toda generación en sus diecipocos a cuasiveinte: bailar. Así debería ser siempre. ¿Demasiado inocente? Siempre mejor que “no culpable”. Y sí, en la versión del debut ramoniano hay un teclado, le pese a quien le pese. Let’s dance – Chris Montez (Jim Lee; Let’s dance, 1962). nota: cito el single original que, confieso, acabo de descubrir que es de Montez cuando yo siempre creí que el intérprete era Jim Lee.

jueves 3 de septiembre de 2009

California sun - The Rivieras

¡Qué chungo par los surfeiros y corcheiros! Con sus melenitas oxigenadas y parafineando todo lo que se ponía a su alcance, en especial las chicas. Por fortuna iban más del palo Pennywise y demás morralla punkpopper, si no difícilmente estaría tan tranquilo escuchando este surf de secano bajo el porche soñando con tablas rotas bajo un Porsche. ¿Resentido yo? No. Tan sólo es que me parto el eje viendo cómo pasan los años por algunos. California sun – The Rivieras (Henry Glover, Morris Levy; California sun, 1964).

Eating roaches - Meanies

El primer concierto de ró al que fui en mi vida tenía que haber sido el de Ramones en el Coliseo coruñés. Pero no. Un tercio de cobardía, un tercio de timidez y un resto de responsabilidad me echaron atrás. Ir solo allí con 15 apenas cumplidos me daba yuyu. Otros con diez ya están chuleando las calles, pero yo no soy así. Además me habían robado la bici semanas antes y había que ahorrar para una nueva… ¡tururú! Eso es lo que me digo a mí mismo para paliar los remordimientos. “Ya volverán”, me dije… y se murieron todos, previa separación claro. Entonces, empezamos de nuevo: el primer concierto de ró al que fui en mi vida fue un festi que en el mismo recinto congregó a todo lo costra y peleón metropolitano para escuchar a Rosendo, Barricada, Reincidentes y un grupo local ya mentado en estos lares. Mi recuerdo, que sobrevive entre una tóxica neblina de restos de calimocho mal mezclado, es el de ver desde la grada cómo volaba una botella de plástico de litro y medio hacia el escenario, cruzando la marea de testas bajo el efecto péndulo de un cuarto de restos de un líquido oscuro. El recipiente voló y voló bien propulsado hacia El Drogas, el de los “barri”. ¿Se apartó? No, le dio un valiente testarazo que ni Pandiani y soltó un arrogante (como debe ser) “¡buen remate!”. ¿A qué viene todo esto? A expurgar culpas quizás. A rellenar de alguna manera. No se. ¡Coño, los Meanies! Pues por aquellos días mi pletina quemaba a menudo un cassette con lo mejorcito del punk noventero según Munster Records vía revista Factory, la ya fenecida cara alternativa de “la nunca alternativa mal que les pese” Rockdelux. Abría el petate este “Eating roaches” y menos mal, porque un poco más hacia el medio de la compilación y ni caso le hubiéramos hecho. Energético sí, fulgoroso también, pero demasiado común. Te salvaste. Eating roaches – Meanies (Lindsay McLennan, Roderick Kempton, Dennis DePianto; 10% weird, 1994). nota: cito el álbum original por si alguien adolece de completismo.

miércoles 2 de septiembre de 2009

Don't call me white - Nofx

En la discoteca de chinorris se repartía de lo lindo aquellas tardes de Martini con limón aguado y caladas perdidas de liar. Creo que ya hable de ello en una entrada anterior. Los incomprendidos nos sentábamos en los sofás o nos acodábamos en la barra y nos refugiábamos en la disertación masculina sobre fútbol, política mal entendida, alcoholismo y chicas. Sí, chicas, sobre todo las que no reparaban en nuestra presencia. Pero luego pinchaban punkismo noventero y todos saltábamos a repartirnos… lo malo es que algunos cafres creían que esto consistía en darse hostias de verdad en vez de saltar y se liaba parda, frecuentemente entre peña que ya se andaba buscando desde hace tiempo. Es divertido comprobar, desde la distancia que dan los años, que muchos de aquellos cruces de puños eran violentos arrebatos de inadaptados niños de papá que cogían bates y lo que hacía falta para romper la cara a otros de su especie. Yo nunca le pegué a nadie en mi vida y tampoco he recibido “cusmada” alguna (bueno, una vez pero fue de coña y estábamos en EGB) y es que de las miles de razones que puede haber para maquillar a golpes a alguien ninguna se esgrimió en las posibles lides en las que pude verme envuelto. Las peleas de verdad se daban en otras zonas, donde volaban sillas y mesas y se cinteaban cinturones y se volteaban cadenas y cascos de moto. Allí sí que los participantes se daban cera para quizás expurgarse de su condición humilde. Por eso se quebraban en nombre de su barrio, demasiado jóvenes para entender la futilidad de su razonamiento. En fin, “Don’t call me white” de Nofx y así empiezan las peleas… de lilas. Don’t call me white – Nofx (Mike Burkett; Punk in drublic, 1994).

Bold as love - Pretenders

Nunca han sido santos de nuestra devoción y además ahora la Hynde nos cae muy mal porque aborrece a los carnívoros… los omnívoros estamos por encima de todo eso. Y como las virtudes que todos dicen ver en Pretenders para nosotros son aristas, pues no hay sitio para ellos en nuestra discoteca. Pero es curioso que por las vías más insospechadas te calan tonadas. Resulta que yo estaba con la fiebre Hendrix, degustando y gustándome con la producción de la Jimi Hendrix Experience. Por eso hice una de esas tonterías tan propias de los febriles, la de comprar “tributos a…”… maniobras de márketing que engañan a bobos como yo. Un cedele de homenaje al moreno mayor de las seis cuerdas con menos chicha que un pastel de edulcorante. Lo único salvable la apuesta “Hey Joe” de los peligrosos Body Count y la soberbia protagonista, “Bold as love”, medio tiempo dominado por Pretenders en su campo: el medio tiempo de rock radiable. Y lo hacen lo suficientemente bien como para no delatar este cedele a los inquisidores de estanterías. Bold as love – Pretenders (Jimi Hendrix; Stone free, 1993).

martes 1 de septiembre de 2009

River deep, mountain high - Ike & Tina Turner

¡Qué torrente! No, no digo Torrente, sino ¡qué torrente! El que brota de la garganta de la Tina. Un chorro de voz que ha sobrevivido incólume a las mil y una perradas que el Ike le hizo en carnes y psique a su poseedora. Mal cóctel: cocaína y hostias. Recuerdo la Tina de los 80 en la tele, con sus muslacos y sus pelazos y el miedo que daba en Mad Max II. Y el fuego que prende en las versiones de Saints o Flamin’ Groovies, estos últimos muy recientemente. La lógica te dice que si la llama la avivan combos de estas características es porque aquí hay algo tan humano como sangre al punto de ebullición. Súmale malditismo en listas e indiferencia del consumidor medio y tienes temazo para rockeritos. Mejor así, nuestro pequeño secreto… “when I was a little girl/boy (según género) nainonainonai… ninoníiii ninonáaaa river deep, mountain hiiiiigh!”. Sulfuroso soul de combate envuelto con plástico Spector… y ni así se doma esa voz, de esas con las que una madre de las de verdad, de las de antes, te dejaba temblando… así quedamos. River deep, mountain high – Ike & Tina Turner (Phil Spector, Jeff Barry, Ellie Greenwich; River deep mountain high, 1966).

Penetración XIX

Tras un mes de asueto, de vacío, de oídos sordos o de lo que ustedes quieran, “aquí estoy de nuevo”. Eso lo decían Los Coyotes, Ilegales preferían “he regresado”. Ambas se presentaban en un contexto pecador, bien de lujuria bien de soberbia. Pero yo lo hago despacito, sin “serrar” los ojos que diría Raphael… porque duele. Bueno, vamos allá. La nave se peta de “juanadas” con la apertura de un nuevo blog y la reformulación de otro. En el primer caso se trata de Juanusfrenia, un pequeño homenaje visual para esa pasión que nos confunde (pero no consume) a muchos y que es la de hacer popurrís currándonos (mal que bien) las portadillas. El segundo es el traslado de Sanjuanconmiedo a estos lares desde el “flog” porque sí, no hay otra razón más lógica. Por lo que respecta a Motherfuckerama, este mes traemos tocino churrascao del calibre de Ike & Tina Turner o Nofx… y ¡Viva vinillo! seguirá rebuscando plásticos para ustedes, no se preocupen. ¡A maquearse y a maquinarse!