martes 23 de junio de 2009

Stop thinking about it - Joey Ramone

Los Ramones dan hasta para sesudos estudios enciclopédicos. Esto no tiene nada que ver con el panfletarismo que en su día les asoció al Dadá, tontería futil, sino con todo lo humano de su en apariencia sencilla forja de canciones y, por extensión, carrera. Claro queda que Dee Dee era el lado obtuso y punk, mientras que Joey era la luminaria pop. La muerte es jodida, jodidísima, en el rock como en todo. Cada uno lo ve a su modo: me jodió la pérdida de Joey, más la de Johnny, menos la de Dee Dee. Estas combinaciones cambian según a quién le preguntes, cada uno tiene sus Ramones favoritos: yo era (y soy) de Johnny, después Joey y luego Dee Dee… luego queda el resto. Me dio rabia su separación, como a todos, por eso la escucha de “Don’t worry about me” (trabajo póstumo) siempre la he enfocado como un “joder, imagina que siguen vivos y juntos (aunque no se hablen, no hay que cambiar las ‘buenas’ costumbres) y sacan esto”. Más aún con la versión del “Wonderful world” de Louis Armstrong, inevitable compararla con esa patética relectura del “I don’t wanna grow up” de Waits en el “Adiós amigos”, aunque siempre me surgen las dudas de si Johnny hubiese aceptado rascar menos de las seis cuerdas habituales. ¡Qué más da! ¡Pues no, no da lo mismo, están muertos me cago en todo! Y hasta muertos levantan el ánimo, a ritmo de pildorazo power pop, como en los mejores tiempos, “Stop thinking about it” es el larguirucho dándose el gusto, dándonos el gustísimo de tararear en tardes soleadas, en duchas de alto vaporismo, sacando al gangoso Joey que todos tenemos dentro o que todos quisimos ser, que no es lo mismo. Es el puto recuerdo y el reproche, el único, de que Joey se la guardase para él. Stop thinking about it – Joey Ramone (Joey Ramone, Andy Shernoff; Don’t worry about me, 2002).

Big mouth blues - Gram Parsons

¡Cómo viviste cabrón! No soy de country ni americanas, a los que lleveis leyendo esto algún tiempo os ha quedado claro. Mi perfil ya está hecho, lo habeis calado. Mi contacto con Parsons se debe a la campaña “ahora que tiene usted un sueldo gástelo en esos discos por los que la peña dice amar la música y valore si es cierto”, fuego cruzado que a veces te peta de perdigones el bullate. Miento, Parsons no me atrajo tanto por el “debe usted tener ‘GP’ en su discoteca o morir en el intento” como por su bien ganada silla en primeras filas de la épica rock, esto es vivir y palmar acorde a un tiempo salvaje: con bagaje junto a Byrds y Rolling Stones que aporta valor al currículum. Por eso no podía exigirle mucho más que entretener alguna tarde de sofá y que quizás en algún mínimo instante me hiciese querer cambiar libro por banjo, exagerando. El autor, pues en este disco por fin es autor y no “tramador” de tragedias o comedias de otros (cómplices o proyectos), se hace grande… pero a mí no me empequeñece, lástima. Y aún así nunca abjuraré de sensaciones tales como las emanadas por “Big mouth blues”, “GP”, Parsons y similares (léanse entradas anteriores, ¡jeje!). En este caso el auténtico Cadillac solitario recalentado al sol del desierto, por suerte estos trastos siempre carburan… al oyente. Big mouth blues – Gram Parsons (Gram Parsons; GP, 1973). nota: en cedele se encuentra una edición con los dos álbumes del señorito Parsons completitos, el ya citado y el póstumo “Grievous angel” de 1974.

lunes 22 de junio de 2009

Oh, sweet Susanna - Mooney Suzuki

Es bueno, muy bueno para el ánima el canto electrificado. Atraer chicas a la senda del rock no es fácil, por eso porcentualmente en los cancioneros ganan los lamentos y los suspiros a la suma de composiciones sobre travesías de patillero enlazado a tatuada. El uniforme acaba siendo lo de menos, sean vaqueros, cueros o pijama, todo vale si se suda. Y aquí tenemos un pizca de rapé picajoso en nariz de mojigatos. Un rudimentario pero voltáico catálogo facsímil de garagismos: manuales de Modern Lovers o Real Kids, la vía sucia pero más auténtica. La casa de tócame R-O-C-K(e). Oh, sweet Susanna - Mooney Suzuki (Sammy James, Graham Tayler, John Paul Ribas, Will Rockwell; Electric sweat, 2002).

jueves 18 de junio de 2009

Sudden deaths - Jon Iturbe & the Radio Gangsters

A dieta de perritos calientes uno acaba por entrar a hurtadillas en el kebab de la esquina, la nueva hamburguesa de moda. Esto ahora. Con perspectiva, en su momento, esto debió ser un órdago a la mala suerte, al “sigue jodiéndome, yo cantaré”. No se qué decir, que la suma de elementos hacían fuerte el producto y todo eso. Pero aunque no me resulta del todo digestiva esta sesión de levadura de “rock and roll way of life”, un estribillo que repite “muertes súbitas” siempre merece una atención positiva. Valorando que pese a levantar el pie del acelerador, por la fatiga de conducir deduzco, se han cuidado detalles como ambientadores de pino y limpieza de tapicerías. Ya no ruge el motor, ya no se queman ruedas, se descarta la (c)rudeza perrera por la sinceridad de sangre. Por eso tú también cantas gustoso sobre lo súbito de algunas muertes. Sudden deaths – Jon Iturbe & the Radio Gangsters (Jon Iturbe; Sudden deaths, 2002).

lunes 15 de junio de 2009

Son of a preacher man - Dusty Springfield

La disposición a saludar el asueto con horizontalidades se vitamina con perlas como estas, que ordenan los factores y forman el producto para alterarte a ti. A ver quién le tose a la señorita si su voz se rearma con unos guardaespaldas que ni Kevin Costner: una sección ventera firme y musculada, de “¡plaka, plaka!”. En Memphis saben lo que te conviene si el trato es justo y lo justo es necesario y es necesario dejarse llevar, cerrar los ojitos y asentir ante tamaña verdad: lo que se lleva en la sangre es alma, lo demás fotocopia y sastres así deberían ser maestros en academias de corte y confección de soul y rythm & blues. Son of a preacher man – Dusty Springfield (John Hurley, Ronnie Wilkins; Dusty in Memphis, 1969).

jueves 11 de junio de 2009

Bigmouth strikes again - The Smiths

Él, uno: “¿Te gustan los Smiths?”.
El Yo: “Prefiero los Housemartins”.
Él, uno: “Ya lo sabía”.
El Yo: “Eso es que me lees”.
Él, uno: “Pero no lo entiendo”.
El Yo: “Yo tampoco a ti”.
Él, uno: “¿Y por qué la de ‘Bigmouth’?”.
El Yo: “No he dicho que no me guste, sólo que prefiero a los otros”.
Él, uno: “Ah, vale”.
El Yo: “Se trata de pop británico de los 80, se puede elegir, no es tan yermo el páramo”.
Él, uno: “¿Y ves algo en el horizonte?”.
El Yo: “Sí. Y hierba mecida por el viento y un ex romántico de camisa abierta bailando sonriente, girando sobre sí mismo… eso es ‘Bigmouth’, pop articulado musicando un buen recitado”.
El objeto: Bigmouth strikes again – The Smiths (Steve Morrisey, John Marr; The queen is dead, 1986).

¡Olé papa! - Josele Santiago

Desde el “Nada” hasta su adios Los Enemigos pasearon sus artes por Galicia noche sí y noche también. A los neófitos nos dejaron con el corazón a mil, con la media sonrisa del que se sabe disfrutante y disfrutado. Así, en poco más de un año uno podía hacerse una media docena de bolos con media de notable. Tan a gusto estábamos y tan a gusto estaban que incluso grabaron parte de su premonitorio directo (sí, premonitorio porque acabó siendo despedida, un “hasta nunca” que prolongaron durante meses y meses de giras) en Santiago. Por eso, cuando Josele se lanzó al ruedo él solico, la tribu “enemiga” lo saludó alborozada, yo entre ellos. Esta aventura de Josele te gusta o no te gusta, pero al menos se gana el respeto de ser coherente. Son perlas de autor de un autor mayúsculo. Que no me atrae, lo siento. Suena a sobado recurso, pero “¡Olé papa!” es la pizca de rapé que puedo mascar. Aunque no la hay sí percibo una invisible (quizás telúrica) conexión con su pasado, lo que me ata a ella y me hace proclive a ser tildado de involucionista y escocido. Digo esto porque se que para algunos Josele es Dios y yo no creo en él, pero tranquilos porque adoro el paganismo y me manifiesto respetuoso del politeísmo y politotémico además en mis expresiones. Y no me lincheis todavía, que dijo el samaritano antes de que le descubrieran circuncidado y circunciso los filisteos. En “¡Olé papa!” Josele se gusta, brilla su verso castizo y luce un acompañamiento de lujo, sin ruido y con nueces, cuidado no sino cuidadísimo en el detalle del arreglo y el multiinstrumentalismo. “¡Olé papa!” es la excepción preciosista que siempre gustó en la hueste “enemiga” entre tanto rockerismo de ley. Supongo que en el resto del disco el señor Santiago también se gusta, pero yo me retiro. Se de buena tinta que todos los demás le siguen fieles y hacen muy bien. ¡Olé maestro!, igualmente le saludo, pero es que yo tengo miedo a las golondrinas. ¡Olé papa! – Josele Santiago (Josele Santiago; Las golondrinas etcétera, 2004).

miércoles 10 de junio de 2009

Give it up or turn it a loose - James Brown

Producto de mi campaña “ahora que tengo sueldo me lo voy a gastar en esos discos que la gente llama ‘clásicos’ para ver de qué van y si de verdad merecen la pena”, el artefacto denominado “Sex machine” cayó en mis manos con el ánimo dispuesto a someterse a tan sustanciosa ración de soul, rythm & blues y protofunk (es la segunda vez en dos días que suelto este palabro, mal vamos), lo cual no es nada fácil que me ocurra. Sabía poco el señor Brown, más listo que el hambre y las ganas de comer juntas, que no son lo mismo. Enlatar falsos directos es jugársela, pero si te sale bien hasta alimentas tu mito con tocino del bueno, de esa fritanga en la que como un ángel se movía pisando punta y tacón este máster de sudores y negrísimos ritmos. El problema conmigo, pues yo soy el problema, es que no soy de ritmos, sino de secuencias, de continuidad entre palpitaciones y melodía, mientras que Brown es regalo para los oidos de los que quieren que les activen las caderas y les marquen el bombeo. Estimado Brown que estás sudando duro en los cielos que iluminan Georgia, perdóname pero yo soy del ruido. Y aún así, “Give it up or turn it a loose” mediante, reconozco que tu caja torácica genera más energía que mil parques eólicos desbocando gigawatios. Give it up or turn it a loose – James Brown (Charles Bobbit; Sex machine, 1970).

By myself - Las Vívoras

Que la segunda mitad de los 90 fuese tiempo de i(n)dioteces animó también al rockerismo, muchas veces de segunda pero rockerismo al fin y al cabo. Con diecimuchos y veintiescasos estaba yo febril por tragar turbulencias sonoras, descubriendo que el “punk” podía apedillarse “rock” y de segundo “roll”. Cosas propias de la edad, en momentos dados me atacaban pocas luces y arrebatos de esnobismo, cuya consecuencia inmediata era esto: comprar artefactos de dudosa calidad y legalidad sólo porque eran registros “históricos”. ¡No jodas! ¡Vaya pedazo de mierda son, por ejemplo, las grabaciones de Gang War! Sí, la unión de Wayne Kramer y Johnny Thunders sobre el papel reluce, pero el resultado es una puta basura cacofónica. Esto era una muestra, otra sería la jugada también comentada en su momento del “Phun city”, el directo piratísimo de MC5 en Inglaterra en 1970… ¡joder, qué asco! Ahora, afortunadamente, paso de estas gilipolleces, ni bootlegs ni leches. En cuanto a los singles, con cuidado y sólo si además de calidad me hacen gracia. Estamos en crisis, les recuerdo. Pero en aquellos tiempos era diferente. Por suerte, alguna vez me sonreía la suerte y no puedo renegar de este curioso trabajo: siete pulgadas en carpeta abierta. A ver, el combo es de garantías: la Norah Finley de Pleasure Fuckers y Sin City Six, potente hacha que se pone a comandar un trío de esos que rugen vía Marshall. Poco misterio, “By myself” es todo lo pegadiza y potentómatra que se supone debe ser toda cara titular de single. Rock estilo Runaways cabreadas, sólo eso, y nos gusta así… aunque víbora es con “b”, por cierto. By myself – Las Vívoras (Norah Finley; By myself, 1998). nota: singletón con “Wonderbra bitch” en la otra cara, pieza menor.

martes 9 de junio de 2009

Paint it black medley - War

Eric Burdon se estila como mercenario de las cuerdas vocales y te pone burrete en compañía de este poderoso combo fagocitador de ritmos y arritmias. Si te relajas y apuras la secuencia entenderás el porqué sudar se hace necesario. Primero se atreven con “A day in the life” y le otorgan una negrísima dimensión a este inmortal tema de los Beatles. Hay que tener los cojones como catedrales para ejercitarse con el cancionero de Lennon y McCartney, pero suman puntos y salen bien parados. Apropiarse de temas de los de Liverpool es fácil, sí, pero quedar en ridículo con el resultado es más sencillo aún, pasa en el 95% de los casos por mucho respeto o buenas intenciones que haya. Pues bien, Burdon y War saldan con buena nota este “effort” de jam, con tímido inicio, con cada integrante enseñando su tarjeta de visita y después guiñando el ojo para lanzarse a un muy meritorio repaso conjunto. Once minutos en total de aire sureño y campo de algodón, de vino y humo antes del Katrina. Sólo después entiendes. Desprevenido te acoplan un recreo en el que se pulen a lo salvaje y en directo “Paint it black” y otras lindezas. Te meten doblado un torbellino de azúcar moreno en onda latina que te despatarra. Y lo digo en serio, agárrate que vienen curvas protofunk con lo que aquí denominaríamos un popurrí resultante en gazpacho de abuela. El pico de Jagger y Richards articulado con alguna de las más calentorras piezas jamás compuestas por War: “Black on black in black”, “Laurel & Hardy” y “Black bird”. Todo negro y Burdon más que nunca. Paint it black medley – War (Mick Jagger, Keith Richards, Papa Dee Allen, Harold Brown, Morris Dickerson, Howard Scott, Lonnie Jordan, Charles Miller, Lee Oskar; Love is all around, 1976).

lunes 8 de junio de 2009

These days - Nico

Nicotina ni sin tí. Gráciles pulsaciones de cuerdas y cordalías varias, a pulso y púa, de guitarra a viola y pellizca porque te toca la fibra o el nervio. Todo subyacente al vozarrón teutón de la valkyria más famosa del rock (más por mito que por arte y el que diga lo contrario es un moderno de mierda), que aquí demuestra moverse mejor con canciones de invierno para días de glaciar o de zodiac a la deriva en el mar del Norte que en el caos y el rock pervertido de la Velvet. En serio, aquí Cale y Reed le hacen un favor poniéndola en su sitio, a pesar de Warhol. Por eso para muchos este gélido producto será insoportable bajo cero, pero a los que nos gustan los días grises nos reconforta. These days – Nico (Jackson Browne; Chelsea girl, 1967).

jueves 4 de junio de 2009

Queen of my nights - Blues Magoos

Pelo Taza se abotona su camisa de cachemir y unta de vaselina su tacón cubano. Pelo Taza bailará el “One by one” y experimentará cannábicas reprimendas de su psique. Pelo Taza cree firmemente que el estampado favorece el corte en las chicas, tanto en textiles como en peinados. Pelo Taza despertará, por su cabeza pasará en neones una pregunta: “¿Dónde carallo está el lado romántico de una cama de 90?”. Girará sobre si mismo, mal que bien, y contemplará horrorizado quién se ha ganado la muesca en su culata. Pelo Taza debería dejarse de “One by one” y cambiar de aires, cuidar sus cuerdas vocales para que susurrar “Queen of my nights” no parezca un gruñido. ¡Oye tronco, cómo ronco! La psicodelia rock puede ser excesiva, pero algunas gotas son de una dulzura especial… por eso el ácido es mejor en azucarillo que en cartón. Queen of my nights – Blues Magoos (David Blue; Psychedelic lollipop, 1966).

Sweet Gene Vincent - Ian Dury

Jugarreta "blockhead" en dos actos del cara pedrolo de Ian Dury, tan Dury como un pedrolo. Y digo dos actos y jugarreta porque la intro de spoken word de pub cockney o cántico amodorrado no es tal, sino que se alarga hasta tomar vida propia antes de ese barbitúrico pepino de rockabilly de ley y estribillo luminosamente pop. Si a esto le añades que tal rosco lúcido está rodeado de un yermo, para mí, de artistismo y funk blanco, pues te quedas con la copla y hasta la silbas y la gozas… con gol del honor también para su pareja “I’m partial to your abracadabra”. Sweet Gene Vincent – Ian Dury (Ian Dury, Chas Jankel; New boots and panties!!, 1977).

The olympian - Skids

A ratos artpunk con pretensiones mensajistas que no panfletarias, grata sorpresa la de estos Skids primero en lo gráfico y luego en lo musical, intensos, desprendiendo de esa energía que para los que tiran de una o dos referencias del 77 británico podríamos referir con The Jam. A ver, “The olympian” y por extensión los Skids no tienen nada que ver con The Jam, pues la energía tiene fuentes diversas aunque las gradaciones de su intensidad vayan parejas. Por eso “The olympian”, desnuda de los sintes y teclados que enriquecen el resto de cortes del álbum, también recorta revivalismo y va en pos de una modernidad que en los 80 nunca llegó pero que así y todo a día de hoy se reivindica tanto (y se mama tan descaradamente) que les franquearía un buen puesto en la pole de cualquier festi. Como dijo mi disquero vinilero de turno: “Creo que esto es lo que se lleva ahora aunque si te soy sincero no tengo ni puta idea de lo que se lleva ahora”. Ni falta que nos hace. The olympian – Skids (Stuart Adamson, Richard Jobson; Days in Europa, 1979).

martes 2 de junio de 2009

Penetración XVII

Vaya paraguaya, vaya. Tempestuosidades laborales se interponen en la fluidez del bloguismo variado en que ando metido. Por eso “a fume de carozo” y sin previsión voy soltando las bombitas, disculpen. Algunos ya se habrán dado cuenta, pero les pongo en conocimiento de que el anunciado Viva Vinillo ya rula, pásense por él si les place ver cosicas plásticas. Nada de coleccionismo excelso, sino roscos vinílicos atesorados con cariño como les explicaba en la Penetración XV (la de hace dos meses). Por lo pronto este mes, aquí en Motherfuckerama, (creo que) hablaremos de Nico, Blues Magoos, Gram Parsons, Skids, Ian Dury... Lo haremos, o no. Un saludo.