Garganta negra para modular funk termonuclear y soul crudo, furor uterino apadrinado por el mismísimo James Brown, quien ejerce de domador del ritmo con el riesgo de dejarse hasta el codo en los controles ante tamaña leona. “Say it loud, she’s black, no doubt!”... y si no bailas te muerde el bullate. Things got to get better – Marva Whitney (James Brown, Pee Wee Ellis; It’s my thing, 1969).
lunes 25 de mayo de 2009
Things got to get better - Marva Whitney
Garganta negra para modular funk termonuclear y soul crudo, furor uterino apadrinado por el mismísimo James Brown, quien ejerce de domador del ritmo con el riesgo de dejarse hasta el codo en los controles ante tamaña leona. “Say it loud, she’s black, no doubt!”... y si no bailas te muerde el bullate. Things got to get better – Marva Whitney (James Brown, Pee Wee Ellis; It’s my thing, 1969).
Sentimientos y venganzas - Zer Bizio?
Son casos contados los de los vasquísimos cabreados que apostaban por sonidos no estrictamente guerreros. Fuera del gran surtido de punk y ska se dejaban ver unos cuantos comandos metaleros y hardcoritas pero pocos más se alejaban del manual de griterío establecido en el Londres de 1977. Los que nos ocupan son una de esas excepciones, quizás junto a los Vómito, que tras unos inicios de punk reglado se pasaban literalmente al lado oscuro. “Sentimientos y venganzas”, tema que abre su debut de mismo nombre, es un ejercicio extraño, laberíntico, de estructuras que van más allá del patrón crestudo tanto por letra como por sonido. La primera impresión despierta una leve curiosidad por ese “algo” que no responde a la mera fotocopia, aunque dominen esas formas, tampoco exageremos. Es otra forma de enfocar el rock, lo radikal, lo vasco. Sentimientos y venganzas – Zer Bizio? (Jimy, Txabi, Txipi, Tomás; Sentimientos y venganzas, 1986). nota: en fin, los autores, los colegas y demás.
Teresa Ramírez - Los Perros
Pero qué animalada, pero qué mal grabado, pero qué ración de “mierdabrutacore” de puyazo entre bambalinas y desprecio al oyente. Espléndido kit para averiguar dónde están tus límites, cuántos decibelios puedes soportar, ¿tienes vértigo? Avalado por la NASA como test de audio extremo para pánfilos aspirantes a neutronauta. Teresa Ramírez – Los Perros (Karuso Bengala, Berni Bultaco; Los Perros, 1998). nota: sí, el ya habitual jueguecito de autores y sus apodos.
Trouble everyday - Frank Zappa & The Mothers of Invention
Un conocido me dijo una vez al hilo de una charla sobre “Zappa o no Zappa”: “Es curioso, alguien tan liberal y a la vez tan antidrogas… aunque con un coeficiente de cientosetenta y algo ¡quién necesita drogas!”. Añado, un coeficiente de cientosetenta y algo es mejor tenerlo lejos de sustancias que alteren el sentido, al menos el del ritmo. Porque Zappa es difícil, virtuoso, pero muy difícil. Y eso que no pretende ser súmum, sino ofrecer rock en toda su amplitud e ideas en horizonte aún mayor, todo muy propio. Y las madres del cordero, que vienen a ser más o menos las Mothers of Invention no le van a la zaga en destreza instrumental, porque supongo que después de que Zappa deje claro que al sudoku no le va a ganar nadie, lo que les queda es grabar piezas tan libertarias en tiempos de libertinaje como los 60 como esta “Trouble everyday”. Difícil, repito, lo más cercano a un estándar que Zappa está dispuesto a regalarme, con una solidísima construcción musical en ritmo y compás, pero que alimenta unas irresistibles ganas de ir al bigotes (ouija en mano, claro) y amenazarle con racionarle el tabaco si no te toma en serio. Que por favor se deje de mímicas vocales, que no le hacen falta para reconocerle el ‘cum laude’ de la lección. Zappa, raruno. Trouble everyday – Frank Zappa & The Mothers of Invention (Frank Zappa; Freak out!, 1966).
jueves 21 de mayo de 2009
La casa de la bomba - Brighton 64
Nos reímos de los 80 porque podemos, que quede claro. Es cierto que esa década merece la mayor de las carcajadas, pero hay que reconocer que en España dio lugar también a géneros genuinos. Las circunstancias, entiéndase como aperturismo, ocasionaron que todas las expresiones juveniles anglosajonas ya desfasadas en origen aquí explotaran a la vez. Por eso, rascando la superficie encuentras diez años de nervio libre: punks, rockers, jevis, mods, pelaos, siniestros… Hablemos de mods, ya nos referimos aquí a los Flechazos pero antes de ellos ya se lustraban parkas con cepillo con vigor. Veamos, a mi entender ser mod en la España de los 80 no es anacrónico, sino que te da la ventaja de no sólo poder emular a los Who o a los Small Faces, sino también dejarte los cuartos en todo el revivalismo setentero británico vía The Jam o The Vapors, por citar algunos expuestos en este blog. Y eso te permite jugar con fórmulas musicales dadas por válidas por los tótems de tu tribu y ser respetado. “La casa de la bomba” es un himno para unos y para los que no lo es, al menos han de reconocer que es un temazo. Construido bajo el precepto sonoro marcado: rythm & blues de trote ligero, cambios de escala hábiles, un teclado que es tan buena compañía como una birra en la mano, coros adheridos con celofán en el punto exacto y estribillo que induce a la pérdida de complejos en pista de baile. Temática más mod que nunca: nada de politiqueo o reivindicaciones para currelas, sino la auténtica angustia adolescente que es simple y llanamente el ser precisamente eso, un adolescente. Sólo los mods pueden hablar de sandwiches de queso y jamón y quedarse tan a gusto a sabiendas que te ha entrado hambre. Pero este temita no va de “bikinis”, sino de aguantar a la familia y al resto de la raza humana tostándose al ritmo de Georgie Dann, cuando en tu habitación te espera el sueño de ver el sol luciendo en Waterloo como lo ilustraron los Kinks. Cuando no importa que en el bar se te pringuen los zapatos de serrín si está sonando soul blancote del bueno. En definitiva, el canto de toda generación: el problema es la edad. La casa de la bomba – Brighton 64 (Albert Gil, Ricky Gil; Bola y cadena, 2004). nota: cito antología recomendabilísima, en origen el tema salió como single en 1986.
miércoles 20 de mayo de 2009
Ando meio desligado - Os Mutantes
Si alguna vez te has preguntado quién merece más perdón, si Tom Cruise en “Risky business” o Tom Cruise en “Cocktail”, te rogaría que no abrieras la boca. El cóctel sobre el que uno debe interesarse por la sabrosura de sus mil sabores es este: el mutante “Ando meio desligado”. Psicodelia con guitarras y teclados petados de fuzz, aire brasileño en los ritmos con percusiones siempre cálidas, a ratos tórridas, y esa fémina susurrante cuasi suplicante. Un juego musical que explota a lo largo del álbum, el tercero de la banda, y que en este tema es tarjeta de presentación en cartoné tropicaliano de buen gramaje. ¡Rockomendado colega! aka ¡Rockomomola! Ando meio desligado – Os Mutantes (Arnaldo Baptista, Rita Lee, Sérgio Dias; A divina comédia, 1970).
viernes 15 de mayo de 2009
Poor and weird - The Briefs
Sólo por ese arranque estilo ataque de neutrones coral merece estar aquí. Bombo y timbal baqueteando la carga del “angst” adolescente curado a gritos, lo demás no cuenta aunque lo apuntaremos: guitarra motosierra y acelerador “to the max” en un exabrupto cuasi hardcore, pero con un deje melódico y un punto rebelde que es todo un toque de atención, aún más si todo lo demás es morralla. Poor and weird – The Briefs (Daniel Travanti; Hit after hit, 2000).
jueves 14 de mayo de 2009
Ace of spades - Motörhead
Una huida a cienes por hora por el fuckin’ centro de la ciudad en plena hora punta. “Ace of spades” es eso, imperfección atropellada, furia sonora de motor recalentado. Y conseguir que todos los acentos se posen sobre las claves de tamaño canto gutural de sobredimensionada distorsión no es fácil. Moviéndose en el hilo del vúmetro doblado, de la válvula al rojo. Con Lemmy "kommandantür" redireccionando la “blitzkrieg” al “todos ‘palante y maricón el último”, rascando garganta de lija, trotando sobre un bajo pulsado con púa de acero y guitarra de riff saeta. No digo nada y lo digo tó: una A-N-I-M-A-L-A-D-A metálica. Fiera fiera (me gusta este truco de palabrillos) vomitando tooooodo lo que lleva dentro. Ace of Spades – Motörhead (Ian Kilmister, Eddie Clarke, Phil Taylor; All the aces, 1993). nota: cito el recopilatorio con el que Lemmy y sus muchachos reventaron mis tímpanos, la original se encuentra en el álbum homónimo de 1980.
martes 12 de mayo de 2009
Love is unkind - Danko Jones
Me encanta el revisteo. Soy “rutero”, del Ruta 66, porque son serie B genuina y regalan al lector con prolijos informes de tiempos pasados. Por eso soy “routier” y por eso mismo no puedo ser del Rockdelux, porque son demasiado modernos (de mierda), flequilleros y porque cuando optan por la serie B se les huele a leguas que no es genuino. Eso sí, amo sus listas, porque animan el “¡ahí le has dao!” o el discrepar abiertamente. Pero aunque algunas veces he aliviado largos viajes en su compañía, no poder tragar el 80% de sus contenidos supongo que es indicativo de algo. Bueno, del Ruta ahora mis ojos sólo se regodean en un 70%, el resto me ataca como un asalto al lector incauto con gusanillo indie que no comparto… aunque respiro aliviado al comprobar que se les ha pasado la fiebre del “americana”. ¿A qué viene todo esto? Pues que fue en las páginas del Ruta 66 donde la chanza motivó mi interés por este morenazo aguerrido que responde por Danko Jones. Sí, la chanza, el chiste, la gracieta, el chascarrillo… el Ruta está lleno de ello. Así, a bote pronto recuerdo crónica de un concierto de los “chinis” (los Cynics, igual que los Sonics son los “chonis” los Cynics son los “chinis”) en el que el cantante tuvo un desgraciado accidente golpeándose la zona pélvica en una caída lo que le conllevó una rotura de uretra y regueros de sangre saliendo del piticlín. Bien, el pie de foto que ilustraba dicha crónica rezaba: “los Cynics siempre se dejan los huevos en el escenario”. Por lo que respecta a Danko Jones, el crítico del Ruta no pudo dejar de lado el caluroso recibimiento que recibió el morenazo por parte del público hispano, que saludó a nuestro protagonista con el muy clásico y muy ibérico recurso de la loa testicular a modo de juego de palabras con su nombre de pila… en vez de Danko “youns” se coreaba “¡Dan Cojones!”. Pues eso, de ahí a pillarse el disco hay un paso, empujado claro está por la posterior lectura de una entregada crónica a las virtudes del monolítico sonido de Jones y sus compinches. Y sí, la verdad es que “Love is unkind” suena impulsado por un par de palpitantes pelotas de cacao, musculoso y sudoroso blues ‘n’ roll pétreo como adoquín, power trio suscrito al “rifforama” de muñequera de cuero. Love is unkind – Danko Jones (Danko Jones; Born a lion, 2002).We are not alone - Black Halos
Punkrock corífero, jalea real tatuada que te hace erguir mano cornuda al viento o, en su defecto, en el salón de tu casa. Vinilaco de los gordos de color “white marble” (ahora los modernos te lo planchan así, estilo mármol, en este caso blanco… aunque a mí me parece más un helado de stracciatella) que te desencaja la aguja a trallazos como este más “Migraine” o el arranque de “Disbelief”… el resto es un zumbido percutor para skaters, me temo. Pero “We are not alone” es una buena descarga de esa juventud tatuada, a ratos muy oscura, que a veces no se entrega al emocorismo y degusta ruido guapo. We are not alone – Black Halos (Billy Hopeless; We are not alone, 2008). jueves 7 de mayo de 2009
El futuro - Kiki d'Akí
Camaradas, quítense el sombrero ante una preciosa joyita pop. En el grueso del pelotón, con todo el barullo que se desfonda por seguir la estela de los equipones, algún combo tiene como eje algún flecha que a la mínima sale disparado a la caza de metas volantes y demás. El “touresco” maillot de lunares, destinado a montañistas, le viene que ni pintado a esta preciosa composición con vistas al Pirineo francés. Ese máster del redondeo de canciones que responde por Fernando Márquez imagina a la china en un balneario, la envuelve en suaves albornoces (ni Mimosín, oiga) y la retrata con pincel delicado. Tirando de sus armas favoritas en el envoltorio sónico, reminiscencia tecno en la base al estilo Celebritis - Fabio & Glitter Klinik
Fabio es tartaja. Por las drogas o ya de por sí. La imagen la tengo grabada desde que videé un cutredocumental sobre Tino Casal. Lo más interesante del mismo, del documental, que tiene su mérito pues está hecho con corazón de fan, es ver a Fabio desgranar mil y una aventuras no tanto sobre Tino como de la época en sí, la locura. Impagable cuando relata que un día que tenía una actuación salió de su casa cogió un taxi y, cuando el taxista le preguntó dónde quería ir, Fabio iba tan hasta las cejas que se quedó en blanco y no se acordaba de dónde era el concierto. No queda ahí eso, nuestro protagonista salió del vehículo y… se olvidó de dónde estaba su casa. Ya ven: tiempos nuevos, tiempos salvajes… mucho, más que ahora, por más que el libertinaje campe ahora a sus anchas jamás tendrá la excitación de aquella época supongo. ¿Saben por qué? Pues porque una cosa es afilarte con total libertad y otra es hacerlo con el hándicap añadido del peligro, de vivir un tiempo en que ser transgresor puede conllevar acabar con tus huesos en comisaría, hostiado sin piedad en un callejón o quebrado a unos cuantos metros bajo tierra. Y Fabio es un superviviente, para mí su valor es ese, una estrella (de tiempo mediático) eterna, con más o menos luz. Reconozco que sus aventuras con Almodóvar no son de mi gusto: “Voy a ser mamá”, “Monja, jamón” o “Gran ganga” me arrancan algún “jejé” pero nada más, ni siquiera un “jajá”. Sin embargo, cuando da la cara junto a ese eterno rocker encuerado llamado Luis Miguélez (en los tiempos de Dinarama él ya había puesto de largo el “turbonegrismo”, elementos electrónicos aparte) el resultado es muy saludable. Digamos que en estos tiempos de modernos de mierda, los que merecen de verdad cacho gordo de pastel apuestan por la guerra de guerrilla sonora. Comando de tecno y guitarrazos explosivo, poniendo a la escena de vuelta y vuelta sin que nadie sepa por dónde ha venido el golpe. P-R-O-V-O-C-A-C-I-Ó-N y hedonismo y “hago lo que me da la gana, jódete” a borbotones. Sí, Fabio es tartaja, por lo que sea, y como tartaja al cantar se disipa y esta nueva aventura de travestismo sonoro es perversa, muy perversa. “¡Ay, qué ‘celebritis’! ¡Hay que celebrarlo!”, ripios de puta rock tecnotrónica. Celebritis – Fabio & Glitter Klinik (Fabio de Miguel, Luis Miguélez; Bye bye supersonic, 2009).
lunes 4 de mayo de 2009
Let's get it on - Marvin Gaye
De Gaye para gayers y no gayers. Aviso para navegantes, tanto nuestro temita como el disco del que es titular tratan de lo único: de follar, así, asín, con el membrete y el miembretes recios como el brazo (del tocadiscos). ¿Cómo ubicar “Let’s get it on”, el tema? Podríamos pensar que entra tan bien de primeras porque es como pillar una peli porno en pleno refocile, pero no. “Let’s get it on”, el álbum, no son ocho cortes como ocho polvos, aunque den ganas. “Let’s get it on”, el álbum, trata del “venga, va, vamos a hacerlo, vamos a currárnoslo, me lo estoy currando (…) ups!”. “Let’s get it on”, el tema, soul calentorro, cuatro minutos de cálida y detallista instrumentación (por todas partes surge un imprevisto soniquete, ora viento ora teclado) en medio tiempo, con el Gaye exponiendo de buenas a primeras toda su paleta de modulaciones. “Let’s get it on”, el tema, no es para follar (¡tampoco es plan poner discos empalmao!), ni siquiera es para el previo, ni para el prolegomenismo, ni para el “quítate tú que me pongo yo”, no. “Let0s get it on”, el tema, va antes de todo eso, situémoslo en el cruce de miradas, en el “te rozo la mano, te miro los labios”, en el “tú espera diez minutos que se vayan estos a bailar la mona”, en el “me pones, te pongo y más vale ponerle remedio de aquí a una hora”. Sí, cuando la sangre tiene que ponerse turbina, cuando hemos de mentalizarnos de que empalmarse es mejor opción que morir. Y ojo, tampoco es obligatorio verse acompañado, es digno de democracias que “cinco contra el calvo” también sea válido para “Let’s get it on”, en ocasiones hay caricias que no las da nadie mejor que uno... pero bueno, cuatro manos nunca fue enredo. Let’s get it on – Marvin Gaye (Marvin Gaye, Edward Townsend; Let’s get it on, 1973).The train from Kansas City - Shangri Las
Tus oídos hacen “¡pop!” y en tu estómago algo cosquillea: “¡Joder, así que esta canción era de las ‘sangrías’!”. Resulta que en los 90, tanto los punkitos de nueva hornada como los grunges acostumbraban a pillar de aquí y allá y acelerar clasicotes. Una fórmula efectivísima: estribillos de por sí redondos aplicados a la batidora ramoniana. Gracia hace, pero nada más. Si te gusta la jugada casi en cada álbum de los mentados Ramones encuentras una pieza así(n)… si te quedas con ganas ahí tienes la docena del “Acid eaters”. Total, que los 60 fueron revisionados hasta la extenuación, el mismo agotamiento que uno siente tras una carrera a 200. Y fue tan anecdótico que uno no se acuerda de ello hasta que en lo más profundo de su mente de una neurona archivada tiempo ha salta una chispa y ¡catacroc! Y equilicuá, las chonis macarras (que lo eran) de las Shangri Las cantan al “que vengo, que voy, te vas, me dejas, paso de ti colega” arropadas por un curioso arreglo instrumental de bemoles varios (lo que Shadow Morton tejió para ellas en monoaural le pone a muy pocos escalones por debajo de Phil Spector), que te deja gozoso tras la inicial sorpresa del “¡no tenía ni puta idea de que era de ellas!” y, para sorpresa propia, no se te quita de la cabeza en días. “An be trei fblo kaghsash cidiiiighh igh cominintotaugh”, este es el resultado de cantar tan petante estribillo en la ducha… con la boca petada de agua y jabón. The train from Kansas City – Shangri Las (Jeff Barry, Ellie Greenwich; Leader of the pack, 1965). nota: ojo ojete, bajo el mismo título existe un recopilatorio de 20 temas en vinilaco que es gloria bendita, lo malo es que no incluye información ninguna de fechas ni grabaciones, para disgusto de nosotros los raros deglutidores de libretos.
Penetración XVI
Oigan, que lo del ripeo y el pirateo no viene de ahora. No, no voy a retrotraerme a los tiempos de las copias en cassette. Hablo de cedelismo. Todos a vueltas con lo de las redes de intercambio P2P y la ilegalidad de las circunstancias y el daño que se hace a los autores… ¡ejem!... a la industria más bien. Pues como quizá ya sospechen es la industria la culpable. Tampoco es plan de repetir de nuevo mil y una consignas resabidas, a (re)saber: que si el precio de los cedeles es abusivo, que hay cosas que no encuentras si no es así, que tampoco es para tanto. No hace falta ir por ese camino, baste contarles que mucho antes de que Internet aterrizase estrepitosamente en nuestras vidas, las propias discográficas ripeaban que da gusto… o asco. Voy con unos piratones, Eskorbuto, que ya muertos fueron objeto de reediciones para todos los gustos. Uno de los casos preclaros de bucanerismo del Nervión lo cometió una discográfica que al no encontrar el máster original del “Anti todo” optó por pillar una copia en vinilo de su archivo, ponerla en un tocadiscos y grabar lo que salía por lo bafles… y ese cutrerío tan punk (ni los Eskorbuto hubiesen pergeñado tamaña jugada… aunque no se acerca ni de lejos al 2x1 que endosaron a las disqueras con “Los demenciales chicos acelerados” en 1987) se publicó como la primera edición en cedele de tan mítica obra del nihilismo musicado. Si buscas piratas sin parche los tienes a puñados por ebay, dignos aprendices de las discográficas. Sigo contándoles y todavía tiro de historietas eskorbutianas. En México alguien se curró meses ha una edición en vinilo de ese trabajo denominado “Ya no quedan más cojones, Eskorbuto a las elecciones”, en origen un cassette con fanzine que vio la luz allá por 1986. Bien, copias de esta reedición en plástico, más o menos decente, se venden en tienda tanto aquí como en Pekín como en Pocón, aún siendo importación, entre los 12 y los 20 euros. Si uno curiosea por Internet, se da cuenta de que desde el mismo día que salió a la calle este disco, en ebay había espabilados que vendían copias por ¡240 euros!. Sí, hay que ser tonto para picar, pero es que con algunos grupos hay mucho morbo enfermizo y mucho enfermizo morboso detrás. No es cuestión de que el fan fatal se pare a pensar y dedique unas horas a recorrer tiendas de discos. No, el problema es que ya no existe la costumbre de ir a una tienda de discos. Los chinorris que van a las disqueras, lo hacen para comprar badges, cintos, mochilas y merchandising variado… los discos se los bajan o los compran por Internet. Se ha perdido la cultura de acudir a las tiendas, aunque Internet como fuente de información y comparación de valoraciones y gustos y críticas sea de los mejores inventos antes de ir voluntariamente a soltar pasta por un cacho de plástico. Por si no lo sabían, el que pone a subasta por 240 euros el disco antes referido es la misma persona que lo ha publicado. ¿¡Cómorrrrl!? Lo que oyen (leen), es un mercado paralelo y más provechoso que el habitual circuito de editoras, distros y cubetas. Tiras 500 copias, 300 las envías a tu distribuidora o las mandas directamente a tienda, los canales normalizados, ¿y las otras 200? Pues poco a poco, vas goteando una a una en portales de subasta y lo vendes como disco rarísimo, edición piratona buscadísima, y ese pequeño halo de mítica que le aportas se suma al que el propio grupo ya tenía… ¿el resultado? Unos cuantos cientos de subnos pujando para hacerse con ese (supuesto) tesoro. ¡Que les den por culo! Y es que Internet es de risa. Otro caso, encuentro una copia de una reedición española del “Sticky fingers” de los Rolling Stones. Es de 1980, gramaje decente, portada “de los dedos” (la que pasó la censura, vamos, que algunos la flipan más que la de Warhol), listado de canciones normalizado (con “Sister morphine”, como en origen) y vinilo color verde. Pago por ella 12 euros, la pongo en el plato y peta a Cañoncito Pum que da gusto, el pobre eyacula y todo con el riff de entrada de “Brown sugar” y con esos (aquí sí) pletóricos vientos (casi vendaval) de “Bitch”. Curioso como soy, al día siguiente buceo la red y encuentro algunas copias más, en este caso de color amarillo, rojo o azul, que alcanzan en algunos casos los 24 euros. En este caso no es exagerado porque son vendedores foráneos o la subasta se abre a guiris, que lo tienen por lógica más difícil para hacerse con una edición hispana… si no fuera porque les bastaría con consultar la web de la disquera y encargarlo. Lo peor no es eso, sino que el pitonazo lo da un italiano que vende su copia en 90 eurazos aduciendo que es “ultra raro”… tu puta madre. No se desmelenen… ¡aún hay más! Sí, para hijo de puta un francés que debe tenerlos cuadraos de píxeles, los cojones y los discos. El “Menos mal que nos queda Portugal” de Siniestro Total, que en su día me regaló mi hermana-sister, se encuentra entre los 9 y los 15 euros en la red, según sea la primera tirada o la (chistosamente denominada) “edición internacional”, ambas de 1984. Bien, el listo gabacho este le pone a este disco la etiqueta de “spanish punk rock” en el perfil, sabiendo que últimamente tiene tirón (ni pregunten a cuanto sale una edición original del “Caldo de pollo” de Decibelios), y lo ofrece a ¡120 euros! Vale que si no cruzas la frontera es muy difícil de encontrar esto, incluso en la península, ¡pero es para quemarle los pelos de los huevos, hombre! Bueno, les voy dejando. Tengo que ponerme a descifrar las notas interiores del “No New York”, que esta vez los rusos no han traducido a mormón (“english language”)… a darme palmaditas en la espalda por no haber picado con la reedición de las tiradas inglesas de los Stones (“Between the buttons”, mi favorito, no incluye “Let’s spend the night together”; “Aftermath” omite “Paint it black”)… y a mentalizarme de que no se debe intentar arreglar el tocadiscos uno solito o sin informarse previamente. ¡Ah! ¿No les había contado esto? Pues nada, rematemos la jugada que estoy batiendo el record de texto. Resulta que vi que los discos oscilaban levemente y sospeché que el plato estaba no desnivelado sino desviado de la rotatoria. Total, levante el forro o apoyo de goma y desencajé (creyendo yo que lo hacía cuidadosamente) el plato. Lo que vi no me gustó un colín… ¡me había olvidado de la correa! Ahí estaba, suelta, una gomilla que en ese momento no recordaba cómo carallo se ponía. Sudor frío, revisión infructuosa de manual… media hora de angustia pensando “¡la cagaste por gilipollas, pero si se oía de puta madre igual!”. Con un par de cojones y utilizando la lógica deduje que la correa iba bordeando el plato de aluminio. La coloqué con mimo a la par que pronunciaba plegarias diversas. Dio resultado, encajé la correa al eje lateral, repuse la alfombrilla y realicé la prueba de San Vito (si no funciona, te da el baile-shock)… todo correcto. Tan correcto que averigüé que el problema no era desajuste de la rotatoria sino una desnivelación parcial al bajar de nivel la correa para ajustarse al eje, corregible. Y de regalo, ese recopilatorio de los Damned que saltaba al llegar al tremendo estribillo de “Wait for the blackout” misteriosamente se había arreglado él solito. ¡Vivan las chapuzas hechas sin sentido pero temerosos de Dios! No lo intenten, yo no lo haré de nuevo.
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