martes 14 de abril de 2009

Girls - David Johansen

De Johnny Thunders y la herencia “niuyorkdolita” se han escrito filípicas, de mítica más que de crónica. Su paso por las tablas (obviemos el regreso de las muñequitas) está oculto por la neblina de lo legendario. ¡Qué bueno es no ser loser pero tener a mano leerlos y/o escucharlos! De Thunders está todo dicho, pero entrando en profundidad en su capacidad rockerística uno se encuentra a un bárbaro del hacha, pero que igualaba presteza en los dedos con una tosquedad que ‘pa qué. Me explico: rapidear por el mástil sabía, un genio, con tanta maestría que tapaba el disacorde y desacuerdo melódico casi domando ruido. Vamos, que no daba una pero como perro viejo te la endiñaba quemando Marshall, por ello no sabemos a ciencia cierta si alguna vez afinó su Les Paul TV Junior, esa con imagen de la Virgen entre las pastillas (las de la guitarra, no las que ingería Johnny). A Kane lo dejaremos en paz, así despachadito queda, en segundo plano siempre se gustó y ahí lo dejamos. ¿Nolan? Un motor, el motor que movía al quinteto de glamourosos macarras, siempre encendido para las posteriores aventuras (en un 50% desventuras) de Thunders. Nos quedan dos, Syl Sylvain por ejemplo, batallando en el subterráneo ganó más adeptos que malas lenguas. Con él no me atrevo aún a dar el paso, pues cada vez que encuentro alguna de sus reencarnaciones post-Dolls, algún comentario o crítica me advierte que en formato largo el sirio nunca dio la talla o derivó hacia estilos no compartidos en exceso: rockabillies o powerpopismo melódico… ¿Y Johansen? ¡Llegamos al temita, nenos! Aquí fui a ciegas y hubo suerte. Tanta que les recomiendo su debut homónimo en solitario, en parte por piezas como “Girls”. Retal “dolliano” a pachis con Sylvain, como el 70% de su cancionero tras la defunción del quinteto. Lo mejor de este “Girls” es que permite ver lo genuino que de rock and roll ofrecían estos malditos tras limpiar concienzudamente todo atisbo de maquillaje. Sí, en “Girls” se factura desnudez, de esa que te enfrenta bajo los focos a una turba de motoras y modernillas (solución al 50%) y te permite defenderte sin siquiera tener que esquivar ninguna jarra de cerveza voladora… o al menos la que te enfila va vacía, pues el agresor ha tenido la decencia previa de bebérsela en señal de máximo respeto. Algunos dirán que este álbum es de cinco o seis raspado, porque el pasado pesa mucho, pero yo les juro que el niño ha estudiado mucho y que por lo menos ha optado por la valentía de no responder a aquello que no sabe… no como Thunders, que en alguno de sus trabajos parece no darse cuenta de que los fallos quitan puntos. Johansen, amigo, con “Girls” enseñas la patita, peluda pero buen jamón. Girls – David Johansen (David Johansen, Syl Sylvain; David Johansen, 1978).

Ibilaldia - Baldin Bada

El audio: el chavalín que aprendía euskera recitando las tonadas guerrilleras del Rock Radikal Vasco nunca supo qué números había entre “zazpi” (siete) y “hamar” (diez). Los primeros “bat, bi, hiru, lau, bost, sei, zazpi” los interiorizó presto a gritar “¡mambo!”, el último le quedó grabado gracias a ese recopilatorio que celebraba el décimo aniversario de Egin. Un doble álbum con lo más granado de la escena euskaldún, castellanoparlante en su mayoría pero combativa al 100%. Entre ellos estaban los Baldin Bada y nuestra protagonista… y contra La Polla, Kortatu o Eskorbuto nada podían hacer. Como Urtain, muy valerosos, muy contundentes, muy voluntariosos, pero en el último asalto ¡puff!
El vídeo: si sumas “hamar” y “bost” te salen los tres lustros o década y media que otro chavalín tardó en videar una de esas bromas del “tutubo” que aburridos internautas propagan para combatir su aburrimiento… minuto y medio de charlestón en blanco y negro con el “¡Zirt, zart!” de fondo. Y uno se dice a sí mismo, “¡coño, los Baldin Bada!” y buscas y encuentras, que eso es lo maravilloso de la red de redes cuando se trata de recuperar lo descatalogadísimo. Y claro, por sí sola, “Ibilaldia” te hace brincar cual brincadeira esquivando toxos.
La estampa: y ya que hablamos de recursos que nos provée la red también existe lo visual e instantáneo y los cientos de testigos de una época que ahora digitalizan sus archivos y uno flipa con esa energía que se desprende de instantáneas de Cicatriz, BAP, del Evaristo o los Muguruza Brothers… y hay una, sólo una, que basta por todas las demás. El pie de foto, escueto, rezaba “Baldin Bada”. Así, ni fechas ni lugar ni nada. Y además no aparecen en la imagen los Baldin Bada, sino dos chavales que ni 15 han cumplido, sumidos en un frenesí eléctrico, skatalíticos y punkiformes… ahí sí que sonorizas “Ibilaldia”, txistu y teclado y rasca-rasca.
El todo por partes (por cierto, Nacho, te debo una copa que el sábado pasado me fui de aquel bar y me olvidé de pagarte la siguiente): Ibilaldia – Baldin Bada (Dani, Santi, Katu, Iban, Kandi; Lur azpian bukatuko duzue, 1986). nota: de los autores del tema desconozco más allá de sus “nombres de guerra”.

miércoles 8 de abril de 2009

Joey - 4 Teen Killers

Misterio ninguno: “uantuzrifor!”. Canto tributo al añorado Joey Ramone, a la manera del larguirucho de Queens: pimienta pop, rascando sin memeces y con voz femenina de combate de regalo. Joey – 4 Teen Killers (Ixma, Paquita, César, Paco; Last summer, 2002). nota: tras mucha búsqueda poco he averiguado de la identidad de los autores más de lo que veis, salvo que en sus filas hay ex componentes de La Broma de Satán -Ismael Díaz- y otros buenos grupos del punkrockismo madrileño.

Where are they now? - Cock Sparrer

De nuevo botas y calaveras, vía “Ángeles del norte” pollero. A veces no es tu tiempo, entre muchos, y sí calas en el zoológico… si por un casual en las jaulas hubiese sitio para dinosaurios crestudos y pelaos. Esta tonada no te va a salvar el día, mucho menos el álbum “Shock troops”, pero basta un paseo por cualquier calle por la que desfilen las juventudes para comenzar a silbarla con ceño cínico. Lo más curioso es que con inmediatez ellos ya echaban de menos a sus camaradas, a quienes supuestamente ellos dedican la letra. Lo mejor es que se adapta como guante de seda pespuntado a la nostalgia por gentes con principios… los que ya no están. Gritos a ritmo fuerte, banderas de nuestros obreros padres y todo eso. Where are they now? – Cock Sparrer (Colin McFaul, Mick Beaufoy, Steve Burgess, Garrie Lammin, Steve Bruce; Shock troops, 1982).

martes 7 de abril de 2009

Swingin' a gogo - Stiv Bators

¿Quién te iba a decir que el mismo menda que en su “pre” y su “post” se ahorcaba con el cable del micro, escupía chicles de fresa y recibía gargajos y sangre en su pelambrera moderna tenía un ansia sixties? Pues resulta que el bueno de Bators tenía alma cándida, de pop sesentero, de radio fórmula de instituto. Al parecer, finiquitados los muy punks Dead Boys y antes de los muy oscuros Lords of the New Church se pegó un viaje a la soleada California, se arrejuntó con unos diestros niugüeveros y se hizo una foto con flequillo y una blanca Vox en sus brazos. Sí, el mismo Bators que vomitaba gustoso la platea del CBGB mandaba a tomar por culo los tiempos y modas imperantes y, añorando su infancia hertziana entre hits “spectorianos” y “beachboyeros” y de inofensivo garage, se regalaba un homenaje a sus “canciones con las que siempre deseé bailar con las chicas del cole y, si no estuviese petado de acné, perder la virginidad”. Sin duda es más fácil así que no proponiéndoles rasurarles una esvástica en el vello púbico, como solía hacer en sus tiempos neoyorquinos. Tras la pertinente escucha a ese pequeño legado pergeñado entre palmeras y chicas en bikini (el álbum “Disconnected” y el recopilatorio “L.A., L.A.”) a un servidor le queda claro que a nuestro protagonista se le daba mejor ser una puta babilónica (juego de palabras usando el nombre del “superyonkigroup” que quería montar junto a Dee Dee Ramone y Johnny Thunders… buen hipódromo) que un idolillo teenager, pero “Swingin’ a gogo” no deja por ello de rezumar buen gusto y mejores formas. Quizás porque reúne el ritmo y compás resultones de un buen formateo pop sesentero, de estribillo chicloso, pero con un deje de cutrerío lowfi enternecedor, como si de una cassette grabada por quinceañeros se tratase. ¿Y qué me dicen de esos coros? Son como poner a unas punkettes a aberrar en un karaoke los grandes éxitos de Crystals, Shirelles y demás. Sabedores entonces de la fechoría, queridos lectores, de este impulso de corazón pop en cuerpo punkrocker, de sueño roto… ¿no resulta encantador? Swingin’ a gogo – Stiv Bators (George Cabaniss; Disconnected, 1980).

lunes 6 de abril de 2009

Hard lovin' man - The Fleshtones

Garage vieja escuela de aire "bluesy", de esos de bolo acodado en barra, con cerveza en mano, esperando a ver si se arma el aquelarre. Y se arma. Hard lovin' man - The Fleshtones (Keith Streng; Do you swing?, 2003).

viernes 3 de abril de 2009

Stroke it Noel - Big Star

Más tristeza no puede emanar de este precioso plástico pesado de embalaje cartonado. Presentación de diez para el disco perdido de los Big Star, que me perdí del mismo modo que dejé traslucir al hablar de Elliott Murphy. Siempre estuvieron ahí, pero nunca tuve los redaños de atreverme a ellos. Ahora, escucha mediante, sólo me queda rogarle a Alex Chilton que no se tire por el barranco, que la vida da muchas vueltas y la melancolía tan masticada no es buena para el hígado. Stroke it Noel – Big Star (Alex Chilton; 3rd, 1978).

The violet hour - The Clientele

Ella: “¿Te gustan mis tetas?”.
Él: “Pues así a las bravas la respuesta es afirmativa, el problema es que creo que resultan amenazantes”.
Ella: “Eso es por la marihuana”.
Él: “¡Joder!”.
Ella: “¿Y qué opinas de estos?”.
Él: “Bueno, los típicos indies, ¿no?”.
Ella: “No se, tienen algo de atmosférico que me atrae, como de música para follar”.
Él: “Eso es por la marihuana”.
Pues eso: The violet hour – The Clientele (Alasdair MacLean, James Hornsey, Innes Philips; The violet hour, 2003).

miércoles 1 de abril de 2009

Look at the outside - Chelsea

Las primeras referencias que me vienen a la cabeza son los Damned y Generation X, por lo contundente de la base rítimica y lo frenético del verbo y el rasgueo. También por la urgencia hímnica y lo grato que resulta el arropar este pepinazo con omnipresentes coros. Punk de segunda, dicen de ellos los críticos, pero recordemos que futbolísticamente hablando en ese escalafón también moran ilustres equipos con trofeos en sus vitrinas. Look at the outside – Chelsea (James Stevenson, Chris Bashford; Alternative hits, 1980).

La ciudad está enferma - Bar

La tienda de la que les voy a hablar ya no existe. La academia de francés sí. ¿Y qué tienen que ver una cosa con la otra? Pues que uno de los cuatro años que estuve dándole al “je suis le motherfucker” lo pasé casi en blanco, ajustando las horas de asistencia para darme garbeos desganados por el centro coruñés. Cuando no había mucho dinero me gastaba unos pocos duros en gusanitos y demás bazofia para matar la hora mirando al mar en el paseo marítimo, en la fachada portuaria. Cuando sí había taleguillos me lo gastaba en música, el mejor de los remedios, en las diferentes tiendas herculinas: en Portobello completé mi colección de vinilo Ramones, en otra de cuyo nombre no quiero acordarme el vendedor me tangó de mil y una maneras, en la extinta Bambuco cayó algún cedele que no recuerdo, en la plaza de La Base regateé por unas cintas con un abuelete tan majo que de 2.000 me rebajó a 1.500 y me quedé con las ganas (con mil pelas no ibas a ningún lado) y en el piso de arriba del antiguo cine que había en El Obelisco (¿Avenida?, no me acuerdo), donde ahora creo que se compra y se vende oro, plata y gatas en celo, había una tienducha llamada Radio City, no se lo pierdan. La regentaban dos abueletes y allí había todo un muestrario de artefactos de los tiempos en que la tecnología eran tornillos y transistores… y un par de cajas con un centenar de singles que sabe Dios cómo carallo acabaron allí. De 150 pesetas para abajo uno podía adquirir el “Cuando pierdo el equilibrio” de 091 producido por Joe Strummer o nuestra protagonista, “La ciudad está enferma” de los vigueses Bar. Lo curioso es que no había una o dos copias de cada single, sino que eran tiradas de 20 o 30 repetidos, pero recuerden que les estoy hablando de un bazar y seguro que el abastecimiento del género tenía el mismo origen que esos yonkis que más de una vez se vieron por la zona de San Agustín y San Andrés a la carrera intentando vender percebe furtivo a quien se los cruzase. “La ciudad está enferma” es rock, así, sin más, un buen tema de buen ritmo aunque con un leve deje ochentero, protagonizado por voz femenina, estándar de radio sin suerte producto de triunfo en concurso juvenil de nuevos talentos. De esto había, pues con ellos templaba cuerdas uno de los creadores de Aerolíneas Federales, y se notaba en el delgado surco. Quizás no merezca más de tres o cuatro pinchadas, hasta que la curiosidad pasa, pero los recuerdos por lo andado son muchos. La ciudad está enferma – Bar (Silvino Díaz, Javier Mera; La ciudad está enferma, 1982).

Et maintenant - Gilbert Becaud

No, no lloraré, aunque lo estés deseando. Así de sencillo. Un hito del dramatismo musicado en el que tanta maestría ha demostrado lo gabacho, no tan lacrimal como el “Ne me quitez pas”, pero tres millones de veces más solemne. Orquestado, enunciado e interpretado a la francesa, pues de otra manera no sabría hacerlo Gilbert Becaud. “Et maintenant”, en su original, al que llegué vía baúl de los tesoros plastificados (como comenté en la entrada de The Peels) tras entregarme al revisionismo que de ella hicieron Os Resentidos demostrando lo cierto de que del granito galaico emanan radiaciones que deprimen a los atlantes del noroeste peninsular, y Elvis Presley, éste con su majestuoso barniz de la etapa Las Vegas. Y por fin el original, sin aditivos ni colorantes, de cuando París dejó de ser París para nuestro protagonista, no en la imaginación de los que confunden sus penas de cuarto de estar con la cruda realidad de tropezar en cada adoquín pesándote la vida bajo la lluvia de la cuna del romanticismo. Et maintenant – Gilbert Becaud (Gilbert Becaud; Et maintenant, 1961). nota: precioso ep de siete pulgadas de edición nacional con un sonido de chispeo de esos que estremecen al posarse la aguja en el surco.

Juanita Banana - The Peels

¡Qué maravilla el merchandising vinílico (cuando lo había)! Rebuscando entre trastos y papelámenes familiares hará un lustro encontré una especie de archivador de esos de cuero de imitación… plástico duro en cubierta color verde marujita con broche metálico que, una vez abierto, dejaba ver mil y una fundas de plástico para guardar singles, montones de ellos. Mis padres reunieron en ese receptáculo toda su colección de tonadillas y cuentos para niños (mi hermana y yo), alegrías de verano y estampas navideñas musicadas y… un par de rodajas de los Beatles (un ep de “El submarino amarillo” y un single de “¡Ayuda!”), el “Et maintenant” de Gilbert Becaud (del que hablaremos próximamente), Louis Armstrong en single de funda blanca sin título, unos cuantos “hits” de corrido mexicano y de María Dolores Pradera y nuestros protagonistas: The Peels y "Juanita Banana". A ver, todo al que le mentes "Juanita Banana" te soltará soltará aquello de “… se mea en la cama”… pues por favor, ustedes ni caso. ¡Temazo! ¿Recuerdan el “Speedy González” de Pat Boone? Pues lo mismito, con gorgorito vocal incluido, calcado, pero añadiendo carbón a la máquina para conseguir un sonorama garagero mucho más que decente, carne de guateque pero dignísimo tanto para abrir como para cerrar la fiesta. Total, que el proceder está claro: arramplar con él y guardarlo como oro en paño, para desempolvarlo a la mínima que se atisbe gambiterismo en casa. ¡Éxito seguro nenes, esta noche se folla (aunque sea con la más borracha)! Juanita Banana – The Peels (Tash Howard, Murray Kenton; Juanita Banana, 1966). nota: singletón con un trallazo semi instrumental en la otra cara, “Fun”.

Drive all night - Elliott Murphy

Siempre ha estado ahí, rondando, con su cuasi albina imagen. Para el Ruta 66 sería quizás demasiado evidente rendirse a Springsteen como sello de su reciente entrega editorial sin condiciones al rock americano y por ello nombraron portaestandarte a Murphy. En los videados de “andergraun” ochentero aparece de vez en cuando sobre las tablas de escenarios ibéricos, como muestra del “como-molamos-nosotros-los-modernos-de-la-tierra-del-chorizo-que-hemos-superado-a-Dylan-y-sabemos-dónde-está-el-virginal-oasis-lírico-de-aquellos-que-aún-tienen-algo-que-contar”. El último cachete, el “venga, vale, me lo pillo”, vino por onda hertziana. Radio mediante, transportándome al calor viciado de calefacción de un coche en plena odisea por los asfaltos perdidos del medio oeste, a aquellos trayectos en los que el locutor es tu único amigo y no sabes si la nieve o un Sundance Kid actual han preparado una jugarreta unos kilómetros más adelante. Vale, yo no tengo carnet de conducir, pero algunas canciones te convierten en un as del volante interestatal, al ritmo de las leyendas urbanas “made in USA”, sin duda la mejor (H/h)istoria de la América que tanto nos gusta, la épica de los corrientes. Drive all night – Elliott Murphy (Elliott Murphy; Just a story from America, 1977).

I turned japanese - The Vapors

Uno necesita de una canción tan redonda cuando llega a casa oliendo a cadáver. Uno necesita que le inyecten estribillo bucle sin malabares. Uno necesita ultraoxigenarse sin tener que peinar flequillo. Uno necesita ser abrazado por la fe en los “tres minutos” y no al revés… que de andar arrodillado uno se quema hasta rozar con rótula el parqué. Y tanto si estás tirado en el sofá como ondulando pelvis levantando la pelusa de la alfombra, “I turned japanese” es locura sana, movida de nueva ola o de neomodismo o de lo que quieras, pero lo sano por delante, condensadas en el referido minutaje todas las fórmulas para encarar el clímax de melodía que se te mete en la cabeza y ya no puedes parar. Porque el pop puede ser sencillo, sin pretensiones, fresco… o no tan sencillo, con los mil y un matices y velocidades y cambios rítmicos, con la pretensión de que la frescura te llegue a bocanadas. Pop, en definitiva, con un poco de “power” por delante y por detrás, como te guste más. I turned japanese – The Vapors (Dave Fenton; New clear days, 1980).

Penetración XV

Ya queda poco. ¿Ven ese link que hay a su derecha y que pone “Viva vinillo”? Pues anuncia un nuevo desdoblamiento de personalidad de este quien les escribe. Tras un par de meses de mareo cerebral en base a diseño, rediseño, fotografiado y tratamiento de imagen la epidermis se nos sonroja preparadas las yemas de los dedos (y los huevos) para saltar a la arena del “back to vinyl!” literario. Plásticos fantásticos largos y cortos, en doce, diez y siete pulgadas, en riguroso negro o fantasía colorida, de reciclaje pelao a 220 vírgenes gramos, encartonados o plastificados, con funda o insert o gatefold o fino papelillo encarte. Sí, lo han adivinado, los vinilos que pistola en morro me vería obligado a llevarme a una isla desierta. Cañoncito Pum ya los ha testeado y ha dado su asentimiento. La primera tacada serán 32, dejándoles revolución(es) pendiente(s) (esto es un juego de palabras)… y cuando abramos definitivamente la puerta serán convenientemente avisados. Bueno, tras este avance publicitario pasemos a lo nuestro: Motherfuckerama sigue, ¡15 canciones garantizadas por mes, abuela! Prepárense, que por lo pronto nos las veremos con The Vapors, Elliott Murphy, The Peels o Big Star entre otros.