El señor Cale es un peligro. Él era lo violentado, distorsionado y “Underground” de viernes 20 de marzo de 2009
China sea - John Cale
El señor Cale es un peligro. Él era lo violentado, distorsionado y “Underground” de Click, click - The Beat (UK)
“Rudies come forward!”. En un reciente episodio de una de esas series de “cadáver + detectives + forenses + asesinato + rollete + mata al malo y pilla a la chica” descubrían que la víctima (¿o era el criminal?) tenía obsesión por alinear todos sus objetos personales por docenas. En beneficio del orden todo vale, pero poner un límite, acotar la ordenación siempre va en perjuicio de algo y nos obliga a rechazar elementos tanto o más válidos que los que consideramos de cabecera. ¿A qué viene esto? Pues a que de alguna manera tenía que empezar esta historia… a lo mejor estaba pensando en un texto para otro blog y se me ha colado aquí… o quizás sí viene a cuento. Piensen ustedes por un momento qué ha trascendido en los mentideros populares de la escena “rudie” británica: Madness, Specials, Bad Manners incluso… Supongo que en círculos más entendidos, o próximos al espíritu 77, The Beat remiten exclusivamente al saltarín combo que fueron en las islas, pero en términos rockeritos se suele identificar con ese nombre al grupo que bajo la batuta de Paul Collins facturó ese himno del nuevaolerismo americano que responde por “Rock and roll girl”. “Faster, faster, faster, faster!”, así exclaman los ingleses en este “Click, click” y así van. Minuto y medio tan inmediato como su convulsa época. Mixtura dérmica y cruce de ideas que proporciona al oyente una amalgama de juegos sonoros que sin querer aporta color en lo más álgido del “thatcherismo”. Decía Paul Simonon (The Clash) que se dio cuenta de que algo estaba pasando en su vida cuando en una fiesta de cumpleaños miró alrededor y todo eran caras oscuras. Decía el rasta Don Letts que Simonon y sus colegas, tras su muy punk y a la par muy tosca reinterpretación del “Police and thieves” de Junior Murvin, entendieron que tú puedes ir invitado a cualquier fiesta pero no puedes intentar asumir como tuyo un ruido de alma que no es propio de tu gente. ¿Tiene algún sentido la pasión reggae de las Slits? No, salvo que sepas rodearte de quien lo lleva dentro. Por eso Madness se convirtieron tras su jugada ska en una hábil factoría de hits pop, por eso Specials o nuestros protagonistas tenían fundamento. Aquí no había copypasteado, sino base de adolescencia blanca obrera y auténtico sabor jamaicano con denominación de origen: fuerza y espíritu. Bien, llegados a este punto, sepan que todo lo leído anteriormente no tiene ningún sentido, aunque da el pego como conjunto de tópicos: que si el negro, que si el blanco, que si los dos cuando se juntan, que si los unos, que si los otros, que si los auténticos… ¡Pero si yo tenía el “I just can’t stop it” grabado en cassette! ¡Qué cojones me importa a mí que lo grabase un chino mandarino o una pelirroja! Lo que importa es que es energía en estado puro, cada tema un particular ejercicio de coco abierto a todo: a lo que fluye desde el Caribe, a la corriente del Golfo y al golfo currito de factoría. “Best friend”, “Big shot” y, sobre todo, la urgencia diletante, casi amateur, pero por eso mismo atractiva de buenas a primeras de “Click, click”. Minuto y medio decíamos antes de realidad callejera, de paro y contrabando en los muelles, de cuando meterse un tiro sirve tanto para aguantar la noche como para acabar con tu vida. Click, click – The Beat (UK) (Dave Wakeling, Andy Cox, David Steele, Everett Morton, Roger Charlery, Lionel Martin; I just can’t stop it, 1980). Playtime - The Deviants
Posiblemente “miércoles 18 de marzo de 2009
I found that essence rare - Gang of Four
No puedo ser fan de Gang of Four. Sí, como he dicho repetidas veces en este blog, me gustan Adverts, Stranglers, Wire y Vibrators, la camada inteligente del punk británico, pero los Gang of Four se me atragantan. Todo por culpa de no leer el prospecto que acompaña todo fármaco de post ’77 y derivados, ya se sabe: “¡Cuidadín, pueden acoplarse acordes por exceso (de) arty(ficio) y ganas de devaneo funk!”. “At home he’s a tourist”, tan simple y compleja a la vez, me complica la escucha plácida o interesada. “I found that essence rare” es de “replay” gustoso, porque es la que sigue más fielmente el raíl del estándar rock. Es por ella, sólo por ella, que a pesar de toda la rajada a la que he sometido a los Gang of Four estos se han hecho hueco aquí. I found that essence rare – Gang of Four (Dave Allen, Hugo Burnham, Andy Gill, Jon King; The Peel sessions, 1990). nota: la original de estudio fue incluida en su debut “Entertainment!”, de 1979. lunes 16 de marzo de 2009
¡Dos manhattans, por favor! - Penélope y Carlo
Alfredo Landa de divaneo, hojeando/ojeando It's a heartache - Bonnie Tyler
“It’s a heartache, nothing but a heartache…”. El pelo oxigenado y bien cardadito, el micrófono tamaño pintalabios, los morros rosa petón y los elásticos y lentejuelas cegando al personal entre destellos violetas y plateados. ¡Y qué más da cuando esa voz te recuerda lo que rasca la desesperación! Garganta lijada pero no de cazalla, sino de sentido blues… televisado, pero el alma también llora en los sofás. It’s a heartache – Bonnie Tyler (Ronnie Scott, Steve Wolf; Natural force, 1978). nota: como deducirán, esta canción me entró duro vía gala televisiva… y he de confesar que al igual que confundo a Rufus Thomas con Rufus Wainwright también se me cruzan nuestra protagonista con Bonnie Raitt.
Pelo suelto - Las Peluqueras
Esta canción me mola porque está donde debería estar: aberrada en el bar, grabada en cuatro pistas (de tierra), jaleada por turba borracha, traducida al rock canalla disfrazado de glam punkulero, el de Las Peluqueras herculinas. Esta canción mola porque traslada a Gloria Trevi a su natural espacio: la noche pervertida. ¿Acaso no bailaron centenares de miles de niños al son de esta reconocida proxeneta? Por eso esta canción es rock and roll y “salve” obligatorio. Pelo suelto – Las Peluqueras (María Morín; Amor culero, 1993). nota: si hay algún morboso que quiera apuñalarse las ingles mientras nuestra madame indirectamente protagonista le grita la versión original supongo que no le resultará difícil hallarla en Internet, yo por mi parte me niego a facilitar las cosas hasta ese punto.
No woman, no cry - Bob Marley
¡Ay, qué lentico que es el reggae! ¡Ay, vaya “blancas” que me ha dado el fumeque! Existe una curiosa simbiosis entre mi capacidad para asumir lo jamaicano y lo cannábico. Me lo dijo el médico, bueno a mi madre: “Señora, su hijo es distónico”. Ante la duda, prosiguió: “Es algo normal en mujeres embarazadas”. Ya ven, por una simple cuestión de cromosomas no puedo parir, pero sí comparto mareos y yuyus con el género femenino. Ser distónico significa que tienes “el cerebro sensible”, según nos explicó aquel doctor tan majete. Años después comprobé las ventajas de ello: ir potente con sólo dos copas, ir volao con sólo dos caladas. Y con el reggae lo mismo: dos sonetes y siesta. Y es que yo no soy muy de tropicalias ni tampoco de místicas visiones, soy incapaz de caminar sobre ese alambre que une Kingston con Addis Abeba. Por eso soy de esos que en las terracitas amenazan a voz en grito con prenderle fuego a toda rasta que se atisbe, con rajar bongos y calzar nalgas de perroflautas… que desgraciadamente es donde esta música pervive. Por suerte, algunos también sabemos diseccionar y entrever que tras el raca-raca había creatividad donde ahora sólo hay “dame un euro ‘pal tren colega”. Marley mainstream este del que les hablo, como un susurro para disfrutar la sobremesa, pero aléjalo de garitos. No woman, no cry – Bob Marley (Vincent Ford; Legend, 1984). nota: cito una antología en la que se incluye la archiconocida versión en directo, la original de estudio se editó en el álbum “Natty dread” de 1974… pero creo que queda claro en el texto que nada se me ha perdido en la discografía del señor Marley más allá de este “lo mejor de”.
lunes 9 de marzo de 2009
Thunder wagon - The Noblemen
El roce de nuestros cuerpos. El “chacachá” del tren. Descarrilados. Roce sin derecho a. Derecho a roce sin burbujas. Frenéticos, sudorosos, impulsados por la atronadora razzia instro. La aguja al rojo en el baile final. La condensación pone en práctica el paso de gas a líquido y en el bar llueve. Déjame que te cuente una historia, una de esas que creo que te he contado al menos una y mil veces. Fue hace unos cuantos años, rebuscando en las cubetas a la búsqueda de ska saltarín. La fiebre Madness y en especial el “One step beyond” me tenían dislocado y aquel vinilo tenía toda la pinta de ser justo lo que quería: revolucionarme a 33 revoluciones por minuto. “Instrumental madness”… ¡hostiaputa los Madness dándole al ska de fiesta pelá! Y llegué a mi casita y me preparé el plato y me cagué en los muertos de ese disquero que aún campa a sus anchas por una tienda herculina (no, no os diré cuál y no, no es Portobello) poniendo a 30 euros los pelos del bigote de Patti Smith. Quería festival jamaicano y los baffles escupían una especie de rock and roll acelerado y en extremo amateur… ¡el muy cateto metió en la cubeta de ska el disco pensando que era de Madness! Y no le perdono la vida, aunque el cabreo pronto pasó a ser “bueno, pues no está tan mal” y luego pasó a ser “¿de qué me suenan estos Wailers?”… Sí, la pieza era un recopilatorio de grupos de garage y northwest-punk. Toda una camada de ruidistas de los 50 y los miércoles 4 de marzo de 2009
All kindsa girls - The Real Kids
Una canción que es una joya, redonda, un regalo para los oídos. Redoxón en la proporción exacta. El bueno de John Felice y sus compinches abren un surtidor de fluido combustible, de vitamina golosa que te transporta a esos momentos de narcisismo irrepetibles de cuando con veintitantos te situabas delante del espejo minutos antes de salir a olvidarte del mundo con nocturnidad y alevosía. A recorrer bares, a respirar (beber, inhalar, tragar, esnifar) vida, sudar rock and roll y, sobre todo, regalarte un poquito de amor… ¡chicas, chicas, chicas! Canciones como esta transmiten la irreal sensación de que la resaca nunca existió. All kindsa girls – The Real Kids (John Felice; The Real Kids, 1978).Bring it on down - Oasis
“Rock and roll star” me hizo contribuir (dispendio mediante por la versión cassette) a ensalzar a esos nuevos salvadores del rock británico llamados Oasis, llamados a continuar asfaltando la pista abierta por Beatles, Kinks o Paul Weller en sus múltiples reencarnaciones. Pero la esencia, el valor en bruto del combo de los Gallagher, no se encontraba en la anteriormente citada ni en la asimismo radiofónicamente digerible “Cigarrettes and alcohol”, sino en el muro de sonido de “Bring it on down”. Lo malo es que lo que de energía positiva liberada transmitía ésta en posteriores trabajos se convirtió en un “sin ton ni son” de proporciones épicas. Gran defecto: la épica… o vales o te desparramas y por lo segundo les di la espalda al momento. Sin embargo, en “Bring it on down” el ruido adquiría un sentido propio, de rock calculado en los tiempos para atraparte como un imán eléctrico. Por eso ese tramo de cinco minutos de cinta fue el único de la cassette que conoció el significado de los términos “rebobinar” y “replay”. Bring it on down – Oasis (Noel Gallagher; Definitely maybe, 1994)Welcome to Paradise - Green Day
En el año 1994 un servidor tenía 16 primaveras. Las justas para que una explosión de acné y una surrealista concepción rebelde del mundo le hiciese abrazar de lleno la causa de la velocidad y el rojerío a partes iguales. Con esas premisas, recién asimilados The Clash y Ramones (entre otros), Green Day petaron vía radiofórmula en una bien orquestada operación de márketing para resucitar el punk y captar la atención de millones de adolescentes explotando las ganas de pisar el acelerador y enamorarse de todo lo que tiñese sus cabellos en fluorescentes destellos de falsa rebeldía. Obviamente aquí la parte del rojerío no tenía cabida, pero sí el anfetamínico sustitutivo. Tres acordes y listo y ni falta que hacían más. Luego, los musicalmente comprometidos pasamos a preguntarnos qué coño le había pasado al mundo para ignorar a los Ramones repetidamente desde 20 años antes (y los que quedaban). Y en gran parte por eso, así lo afirmo por escrito como verbalmente lo llevo haciendo desde hace más de una década, mandé a tomar por culo a Green Day y sus coetáneos por despecho ante tamaña injusticia. Y si tienes los cojones de discutirme que no escogí el camino correcto es que te falta un hervor de cultura popular. Sí, podemos hablarlo mientras suena “Welcome to Paradise”, tararearla agradecidos por su acertada fórmula, pero las cervezas las pagas tú. Welcome to Something for the girl with everything - Sparks
Señoras y señores. Les guste la carne o el pescado aquí comulgamos todos. No puedo esperar más. Les presento mi nuevo grupo favorito (de tantos): Sparks. Les presento mi nuevo disco favorito (de tantos): “Propaganda”. El chavalín se acercó a las cubetas etiquetadas como “power pop USA” y rebuscando se topó con un artefacto vinílico de descolorida pero impactante portada (no les doy pistas, búsquenla ustedes y sabrán de lo que hablo), de esas que le hacen a uno fiarse del regusto visual para asumir que lo contenido en los surcos ha de ser calidad de la buena. No siempre (más veces hay que no que las que sí) esto es cierto, pero la etiqueta previa daba pistas… erróneas, pues aquí de power pop no hay nada. Total, que llego a casa con mi disquérrimo bajo el brazo, le quito el precinto y la carpeta se abre en dos y la funda tiene más arrugas que la duquesa de Alba. Respiro aliviado al ver que el plástico está perfecto, una edición española vía Ariola que conserva la galleta original de Island, todo un detalle. Cojo el celofán y arreglo como puedo el cartón. Debido a urgencias que no vienen al caso la sesión auditiva debe esperar, pero aprovecho cinco minutos libres para ir hasta Cañoncito Pum y a pulso buscar el corte que sabía había sido single titular… un buen truco para catar aprisa y corriendo los discos. “Something for the girl with everything”, curioso título, ¿no? El resto es historia: a día de hoy, una semana después, ese plástico arde del abuso al que ha sido sometido de principio a fin. El “punch” deslocado/desbocado/alocado de nuestra protagonista nos mete de lleno en el peculiar universo de los hermanos Mael y ansiosos de más y más y más y pronto caerán “Indiscreet”, “Kimono my house” y “Big beat”, ya localizados en disquerías. Las comparaciones son odiosas pero ahí te dejo una para navegantes. Sí, a tí. Coge a los Queen y una rasqueta. Pule guapamente, a lo bruto si quieres, toda la costra de pretenciosidad inherente a su vocación operística. Asesina friamente a Brian May o en su defecto elimina todas sus pistas de guitarra, en especial los solos “Onán style”. Alquila los servicios de Mick Ronson para sustituir al citado seto ambulante y que rasque como si estuviese en juego su nombre en los créditos de Ziggy Stardust. En un hábil juego de manos, atiborra de anfetaminas a Ronson y rápale el seto a May, para su uso posterior en uno de nuestros protagonistas. Rebaja la épica de gran teatro y acopla el sentir general y popular del buen vodevil, del mejor y más hilarante cabaret. Experimenta, trata a las composiciones como si de criaturas autómatas se tratase, pero con el debido toque disciplinario que confiere unidad al conjunto, como un comando del buen rollo, del espectáculo… y por añadido: E-S-P-E-C-T-A-C-U-L-A-R. Quiebros y requiebros musicados sin quebranto compositivo. He de reconocer que la referencia a Queen ya la tenía por parte de algún confidente, pero en cuanto “Something for the girl with everything” tomó al asalto mis aurículas y leí esas extensas líneas que el Mael vocalista atropella ora vía falsetto ora vía escupesílabas mi cabecita me llevó a desechar la comparativa establecida. Esto es glam gamberro con identidad propia, aunque parezca moverse por las coordenadas de Queen y el Meat Loaf de “Rocky horror”. Pero Sparks son Sparks, siempre su bola, al ritmo las más de las veces trepidante ideado por el Mael pensante (el del bigote) para teclado y combo R-O-C-K. Concepto histriónico, casi epiléptico, que aunque americano de origen casa más con el peculiar humor negro británico (lean sus letras, por favor, unas mínimas nociones de inglés aseguran sonrisas y si están entrenados en dicha lengua no pararán de reír), más Monty Python que Saturday Night Live para entendernos. Vamos, que si no les ha quedado claro esta es mi nueva y bombástica esperanza blanca para el RÓ… con 35 años de retraso. Si no te alegran el día nene es que no tienes alma. Something for the girl with everything – Sparks (Ron Mael; Propaganda, 1974).lunes 2 de marzo de 2009
Black tongue - Yeah Yeah Yeahs
Asalto de la modernidad militante. De esa que en la actualidad poco más resiste que el embite de un primer álbum o una floja continuación. Hablo sin conocimiento de causa del combo protagonista, simplemente contextualizo. Temazo, sí. Sexo sucio, sintético, molón de pista y postura guapa. Lo mucho que me gustas, lo poco que me miras (desde la pista). Tiro va y tiro viene y tiro porque me toca. Música moderna, repito, que a veces sorprende por su vitalidad, como es el caso. Suda y exuda. Black tongue – Yeah Yeah Yeahs (Nick Zinner, Brian Chase, Karen Orzolek; Fever to tell, 2003).Penetración XIV
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