Por obra y gracia del celuloide vive el rock and roll hasta en los ojos (“…nena”, que dirían Burning). Está claro, relamer platos es del gusto de todo buen comensal de paladar plural. Trasladando esto a la música: escuchar el disco, leer y releer el libreto, abrazarse a la carpeta a la hora de la siesta y, como no, tragarse documentales por un tubo. En eso estoy (estamos), festivaleando de lo lindo en esta cosmopolilla urbe, con un buen taco de entradas (20) para absorber toda la información (muy)audio(y muy)visual posible de hasta cuatro sesiones diarias de historias imposibles o mitificadas u olvidadas o más cotidianas de lo que parece… El Camarón más rompedor por obra y gracia de unas sábanas, la locura del pequeño Phil Spector, mi adhesión a “Michael” como supuesto asesino de Nancy Spungen, la risa incontrolada con que es obligado recibir Spinal Tap (Axl Rose, eres gilipollas), lo G-E-N-U-I-N-O de los Fleshtones y su circunstancia… y mil hazañas más o menos gloriosas más. Porque puedes cagarla o comulgar con ello, pero poner tu latido en los corazoncitos de los demás es una hazaña. Y eso que ando con la mosca detrás de la oreja, preocupado por la salud del rock and roll. Pero ustedes no se preocupen: cuando el cerdo muere, empieza el festín.
lunes 2 de noviembre de 2009
Penetración XXI
Por obra y gracia del celuloide vive el rock and roll hasta en los ojos (“…nena”, que dirían Burning). Está claro, relamer platos es del gusto de todo buen comensal de paladar plural. Trasladando esto a la música: escuchar el disco, leer y releer el libreto, abrazarse a la carpeta a la hora de la siesta y, como no, tragarse documentales por un tubo. En eso estoy (estamos), festivaleando de lo lindo en esta cosmopolilla urbe, con un buen taco de entradas (20) para absorber toda la información (muy)audio(y muy)visual posible de hasta cuatro sesiones diarias de historias imposibles o mitificadas u olvidadas o más cotidianas de lo que parece… El Camarón más rompedor por obra y gracia de unas sábanas, la locura del pequeño Phil Spector, mi adhesión a “Michael” como supuesto asesino de Nancy Spungen, la risa incontrolada con que es obligado recibir Spinal Tap (Axl Rose, eres gilipollas), lo G-E-N-U-I-N-O de los Fleshtones y su circunstancia… y mil hazañas más o menos gloriosas más. Porque puedes cagarla o comulgar con ello, pero poner tu latido en los corazoncitos de los demás es una hazaña. Y eso que ando con la mosca detrás de la oreja, preocupado por la salud del rock and roll. Pero ustedes no se preocupen: cuando el cerdo muere, empieza el festín.
