lunes 5 de octubre de 2009

Everything beautiful must die - The Soundtrack of Our Lives

¡Guau! Jadeo el mío. Vaya delicatessen este trocito de esa magna pieza “grossa” que recibe el nombre de “Communion”. “Todo lo bonito debe morir” reza esta paradógicamente maravillosa obra maestra que, sumada a otras 23 de similar calibre, conforman un doble vinilaco de órdago. Me rindo y pauso mi ritmo con este crescendo coral y de tradicionales actores secundarios como teclados y percusiones, guiados a la bombástica reunión de sonidos por una tímida slide. Doy la mano a la épica “beatleiana” y a la delicadez Costa Oeste, esa que te enseñan en clase los Love más soleados, los que se tumban a la bartola mientras Arthur Lee sueña. Todo un glosario de palos de los dorados años 60, barnizado con una fina capa de psicodelia ejecutada con seriedad escandinava, imponiendo estructura acústica a riff puro, tremendo para apurar el tueste con los últimos rayos de sol, los rezagados que aún no se han enterado que ya es otoño. Everything beautiful must die - The Soundtrack of Our Lives (Kalle Gustafsson Jernelhon; Communion, 2008).