jueves 10 de septiembre de 2009

Supersonic enemy of Devil - Guzzard

Una de mis pasiones es acumular conocimiento. La mayor parte de esta intangible información es inútil, futil e incluso imprecisa. No busco cultivarme, sino llenarme; tampoco se trata de dominar disciplinas, sino de alentar pasiones. Se que uno es más capaz con unas pocas dosis de jardinería, fontanería y dominio de mandos de televisión… pero yo prefiero devorar intelectualmente tratados sobre banalidades tales como (cito lo registrado por mi cabecita en la última semana) guerrillas y grupos terroristas tardoseculares, genealogías regias altomedievales, fútbol y camisetas vintage, mafias y tribus urbanas, procesos de grabación “bitelianos”… todo condimentado con una brisa pornográfica, para darme un respiro entre tanta letra. En una de estas incursiones, las no explícitas (aunque pensándolo bien todas lo son), topé con una rara entrevista con CJ, el ex bajista de los Ramones. Llegué a ella tras rastrear y petarme de declaraciones de Ed Stasium, (el) productor de la banda. Volviendo al bueno de CJ, en sus disertaciones uno encuentra chicha buenísima si es mitómano de los de Queens: ahonda profuso en los entresijos de las últimas grabaciones y giras, las relaciones internas… que a los ensayos Joey no iba, que en su primer encuentro tuvo la feliz idea de preguntarle a Johnny por su mujer (ex novia de Joey), que Marky era tan perfeccionista que registraba al menos 30 tomas de cada batucada suya en estudio… Se explaya asimismo sobre la gran ocasión perdida por el combo cuando finiquitados sus contratos con Gary Kurfist y Sire, entregado “Loco live” a esta y a Chrysalis, la pujante Epitaph (escudería de los multiventas Offspring, Nofx, Bad Religion… el punk volvía a estar de moda) les “ruega” (así lo dice) grabar para ellos y unirse además al management de los puntales del nuevo punk noventero. Dice CJ que Johnny y Joey decidieron renovar con Kurfist y seguir con Chrysalys bajo una etiqueta nueva creada por el manager y que él, antes de firmar, les dijo que estaban perdiendo la más grande oportunidad de sus vidas para obtener el tan ansiado éxito discográfico. Le mandaron a paseo y le trataron como a un nené bocazas y quedó marcado los cuatro años de carrera restantes, previo lanzamiento de un magnífico “Mondo bizarro” que no se comió un rosco en tiendas y que, según él, en otras manos podría haber petado de lo lindo el mercado. “Supersonic enemy of Devil” también peta, la entrada sobre todo. Y en el subconsciente te habla de que los tres acordes, la velocidad, el tocino y los Ramones deberían ser de enseñanza obligada desde Primaria, porque con estas lecciones aprendidas se hacen las cosas de manera muy eficiente, contundente, sincera… incluso se puede soñar con salvar el rock and roll. Supersonic enemy of Devil – Guzzard (Tom Beeman, Pete Beeman, David Paul; Quick! Fast! In a hurry!, 1994).