¿Recuerdan las cotidianeidades que les conté en su día a propósito de Nuestro Pequeño Mundo y de Guns ‘n’ Roses? Las disparidades a veces tienen jugo. Al igual que ante la falta de rock me entregué a la reconversión del folk y el dylanismo por parte de NPM (y sigo cautivado por su obra, créanme), con los Golden Gate Quartet casi me ilumino y me entrego al “choirismo” gospeliano. Pero aquí las circunstancias eran diferentes, NPM compartían estantería con mil y un vinilos familiares mientras que los cuatro morenos protagonistas eran plato de gusto ante lo escueto del menú. Ya saben que mi primer cedele fue el “Appetite for destruction” de los G’n’R, lo cual es como si te regalasen un balón oficial de Champions para pelotear en el patio. Mi padre acababa de traer a casa el primer reproductor de cedeles del hogar (aún sigue en uso) y posteriormente fue trayendo discos con los que alimentarlo. A mí me cayó en suerte el mentado “Appetite…” y después un disco de “chunda chunda” que recibí contrariado (en un gesto propio de adolescente con poco tacto para recibir regalos no adecuados… algo que hemos solucionado en las cartas a los Reyes Magos con la coletilla “no compreis otro si no encontrais este”, porque soy "rarito para los regalos”) a pesar de que mi padre aseguraba que era “número uno en Suecia”. Pero antes de estos episodios, la discoteca digital familiar la inauguró ni más ni menos que el gargantismo divino de los Golden Gate Quartet. Es curioso que siempre hemos sido un poco lejanos a modas y demás, pues pasamos meses quemando este disco antes de que la tele comenzase a descriogenizar al cuarteto coral en una y cien apariciones en programas de varietés… supongo que Boney M se habían caído definitivamente del cartel. Nunca entendí el porqué de ese revival gospel, aunque he de reconocer que los setentones integrantes del Golden Gate Quartet lo defendieron muy dignamente… pero de aquella yo ya estaba a lo mío, al “ró” y todo eso. Volviendo a las primeras escuchas, les di tanta cancha que incluso figuran en uno de mis recopilatorios cassetteros. El voceado de garganta morena de “On the sunny side of the street”, “Glory hallelujah!”, “When the Saints go marchin’ in”, “Sweet Georgia brown”, “Oh! Happy day” o “Basin Street blues” era portentoso, con lo que a una imaginación tan fértil como la mía con (ni siquiera) 15 años no le era difícil cerrar los ojos y enarbolar la cruz para ponerse al frente de todas las expediciones que contra el infiel hiciesen falta. La sangre no llegó al río, gracias de nuevo a la imaginación, y afortunadamente el Señor (aquel señor, el del bigote, el de la tienda de discos) me cogió de la mano (aunque sólo para darme el cambio) y me desembaló en una lavandería de rock and roll. Abro los ojos, punto. Glory hallelujah! – Golden Gate Quartet (Tradicional; Spirituals to swing, 2000). nota: cito el recopilatorio de rigor, que recoge grabaciones de 1955 a 1969, y que creo que es el mismo que figura en la discoteca familiar… a la cual en estos momentos no tengo acceso pues está a mil kilómetros.
jueves 17 de septiembre de 2009
Glory hallelujah! - Golden Gate Quartet
¿Recuerdan las cotidianeidades que les conté en su día a propósito de Nuestro Pequeño Mundo y de Guns ‘n’ Roses? Las disparidades a veces tienen jugo. Al igual que ante la falta de rock me entregué a la reconversión del folk y el dylanismo por parte de NPM (y sigo cautivado por su obra, créanme), con los Golden Gate Quartet casi me ilumino y me entrego al “choirismo” gospeliano. Pero aquí las circunstancias eran diferentes, NPM compartían estantería con mil y un vinilos familiares mientras que los cuatro morenos protagonistas eran plato de gusto ante lo escueto del menú. Ya saben que mi primer cedele fue el “Appetite for destruction” de los G’n’R, lo cual es como si te regalasen un balón oficial de Champions para pelotear en el patio. Mi padre acababa de traer a casa el primer reproductor de cedeles del hogar (aún sigue en uso) y posteriormente fue trayendo discos con los que alimentarlo. A mí me cayó en suerte el mentado “Appetite…” y después un disco de “chunda chunda” que recibí contrariado (en un gesto propio de adolescente con poco tacto para recibir regalos no adecuados… algo que hemos solucionado en las cartas a los Reyes Magos con la coletilla “no compreis otro si no encontrais este”, porque soy "rarito para los regalos”) a pesar de que mi padre aseguraba que era “número uno en Suecia”. Pero antes de estos episodios, la discoteca digital familiar la inauguró ni más ni menos que el gargantismo divino de los Golden Gate Quartet. Es curioso que siempre hemos sido un poco lejanos a modas y demás, pues pasamos meses quemando este disco antes de que la tele comenzase a descriogenizar al cuarteto coral en una y cien apariciones en programas de varietés… supongo que Boney M se habían caído definitivamente del cartel. Nunca entendí el porqué de ese revival gospel, aunque he de reconocer que los setentones integrantes del Golden Gate Quartet lo defendieron muy dignamente… pero de aquella yo ya estaba a lo mío, al “ró” y todo eso. Volviendo a las primeras escuchas, les di tanta cancha que incluso figuran en uno de mis recopilatorios cassetteros. El voceado de garganta morena de “On the sunny side of the street”, “Glory hallelujah!”, “When the Saints go marchin’ in”, “Sweet Georgia brown”, “Oh! Happy day” o “Basin Street blues” era portentoso, con lo que a una imaginación tan fértil como la mía con (ni siquiera) 15 años no le era difícil cerrar los ojos y enarbolar la cruz para ponerse al frente de todas las expediciones que contra el infiel hiciesen falta. La sangre no llegó al río, gracias de nuevo a la imaginación, y afortunadamente el Señor (aquel señor, el del bigote, el de la tienda de discos) me cogió de la mano (aunque sólo para darme el cambio) y me desembaló en una lavandería de rock and roll. Abro los ojos, punto. Glory hallelujah! – Golden Gate Quartet (Tradicional; Spirituals to swing, 2000). nota: cito el recopilatorio de rigor, que recoge grabaciones de 1955 a 1969, y que creo que es el mismo que figura en la discoteca familiar… a la cual en estos momentos no tengo acceso pues está a mil kilómetros.
