lunes 6 de julio de 2009

Oso panda - Lendakaris Muertos

La primera: Entre 1996 y 2003 fui puntual a la cita discográfica que salía de los hornos de La Polla Records. Todo lo de antes fue recabado fuera de plazo, por motivos evidentes de edad, pero como si de un arrebato bulímico se tratase, desde esa primera cinta con su primer directo (el de Lakuntza de 1988) allá por 1992, o antes, o después. Entre 1996 a 2003 acudí religiosamente cada año y medio o dos años a hacerme con mi novedad “pollera” tras la revelación de verlos “ao vivo” y del fenomenal “Carne para la picadora”, su último disco bueno de verdad. Cosas como “En tu recto”, “Toda la puta vida igual”, “Bocas” o “El último (el) de La Polla” tenían aún carácter de granada bombástica, pero la herrumbre se veía ya por algunos remaches. En fin, La Polla Records, todo esto para decir que desde 2003 echábamos mucho a faltar algo semejante, tan bruto y mordaz.
La segunda: Afirmar que Lendakaris Muertos suple esa baja sería una barbaridad, pues nada se asemeja a la explosividad de los genuinos de toda la horda vasca, pero sí están muy, pero que muy por encima de los sucedáneos que año tras año han salido de la fotocopiadora. La Polla Records aparte, en las letras, en la vasquización del duende de Jello Biafra hay que tomar referente directísimo en los Rip, por lo afilado, y en los Cicatriz, por lo contundente.
La tercera: La fórmula se resume en los tres pilares citados en el punto anterior, por citar lo cercano y no la raíz anglosajona, más comprensible con los especímenes salidos de la cabreada parrilla euskaldún. Minutaje casi nunca plural, violencia en unas guitarras que no se entretienen en acordes menores… “Oso panda”, como demás trallazos del combo, no deja hueco por llenar del pabellón auditivo. No es tanto calor de gasolina como puñetazo y risas, muchas, con una letra que nos remite aquí al matiz festivo y/o excesivo del “fariñismo” agudo y en otros gritos a relecturas y apuestas por un cinismo e ironías saludables del combate que algunos sostienen.
La cuarta: La confusión del tercer milenio nos afecta a todos, de diferente manera, pero nadie es ajeno a ello. ¿Cómo llegué a Lendakaris Muertos? Pues por unas hostias, así de fácil. Uno puede no compartir determinadas ideas expresadas por este conjunto (y no lo hago en absoluto), pero sí se apreciar y reconocer el buen hacer en la transmisión de mensajes, alejándose del insulto fácil, el gatillo engrasado y el odio regurgitado. Hay maneras de apostar por una vía y ellos lo hacen desde la que más se necesita en estos tiempos de muermo social: el sentido del humor abierto en canal a todo y contra todos si es preciso. Directamente: yo considero al País Vasco como una parte de España (a mí manera y esta no les importa, por lo menos hoy), pero no por ello voy a negarles a estos norteños su peso decibélico en “savoir faire”, una vuelta de tuerca que ajusta la máquina, no la fuerza. ¿A qué viene esto? Les cuento: resulta que leo por ahí que los “lendakaris” han tocado en una okupa madrileña y cuando les da por interpretar su “Gora España” vestido el cantante con camiseta de la selección, un mononeuronal se cruza y lanza un “algo” que el voceras despeja infortunadamente… no contento con eso, el peleón personaje espera al fin del “chou” y le regala a la ya víctima una apertura manual de brecha sangrante. Resulta divertido leer en la distancia, pero puestos a reflexionar una vez leídos los argumentos para la agresión la conclusión es única: ¡hay que ser gilipollas! Una escucha y una lectura (que además no hace falta que sea detenida, porque es evidente el mensaje) de la canción deja claro que es una puya de kilates contra el “cambiachaquetismo” y lo absurdo del fútbol en determinadas gentes, en este caso el abertzale de pro que cuando hay Mundial se olvida de todo y apuesta por la incoherencia de arrimarse a Manolo el del Bombo. Entonces, ¿a qué vino el conflicto nudillo versus frente? Pues según el “valiente” (y autodefinido como “antifascista”) el cantante provocó al público al enfundarse la “roja”, símbolo de “represiones” múltiples. ¡Tócate los huevos! Lo preocupante no es la falta de sentido del humor del individuo ofendido, tampoco que ignore que la bandera de España no la inventó Franco, tampoco que no deje turno de réplica, tampoco que no haya acabado los estudios básicos (estoy dispuesto a apostarlo), tampoco que confunda gestos con obscenidad, tampoco que para ir a mear necesite de la aprobación de una asamblea, tampoco de su prehistórico comportamiento… la culpa no reside en nada de eso porque su comportamiento no hay por donde pillarlo. Baste decir que a pesar de las recomendaciones para que leyese y releyese y escuchase la canción, el obtuso luchador respondió que sí, que se sabía la canción de memoria pero que el gesto de los “lendakaris” seguía siendo una provocación manifiesta… ¿Cómo cojones una persona no puede entender lo claramente irónico y teatral del gesto de enfundarse la camiseta en esa canción precisamente? La culpa reside en el factor “gilipollas” del agresor. Lo peor es que ya son como los otros. Política, asco… y ahora que me partan la cara, lo que me faltaba. Oso panda – Lendakaris muertos (Aitor Goñi; Se habla español, 2006).