Desde el “Nada” hasta su adios Los Enemigos pasearon sus artes por Galicia noche sí y noche también. A los neófitos nos dejaron con el corazón a mil, con la media sonrisa del que se sabe disfrutante y disfrutado. Así, en poco más de un año uno podía hacerse una media docena de bolos con media de notable. Tan a gusto estábamos y tan a gusto estaban que incluso grabaron parte de su premonitorio directo (sí, premonitorio porque acabó siendo despedida, un “hasta nunca” que prolongaron durante meses y meses de giras) en Santiago. Por eso, cuando Josele se lanzó al ruedo él solico, la tribu “enemiga” lo saludó alborozada, yo entre ellos. Esta aventura de Josele te gusta o no te gusta, pero al menos se gana el respeto de ser coherente. Son perlas de autor de un autor mayúsculo. Que no me atrae, lo siento. Suena a sobado recurso, pero “¡Olé papa!” es la pizca de rapé que puedo mascar. Aunque no la hay sí percibo una invisible (quizás telúrica) conexión con su pasado, lo que me ata a ella y me hace proclive a ser tildado de involucionista y escocido. Digo esto porque se que para algunos Josele es Dios y yo no creo en él, pero tranquilos porque adoro el paganismo y me manifiesto respetuoso del politeísmo y politotémico además en mis expresiones. Y no me lincheis todavía, que dijo el samaritano antes de que le descubrieran circuncidado y circunciso los filisteos. En “¡Olé papa!” Josele se gusta, brilla su verso castizo y luce un acompañamiento de lujo, sin ruido y con nueces, cuidado no sino cuidadísimo en el detalle del arreglo y el multiinstrumentalismo. “¡Olé papa!” es la excepción preciosista que siempre gustó en la hueste “enemiga” entre tanto rockerismo de ley. Supongo que en el resto del disco el señor Santiago también se gusta, pero yo me retiro. Se de buena tinta que todos los demás le siguen fieles y hacen muy bien. ¡Olé maestro!, igualmente le saludo, pero es que yo tengo miedo a las golondrinas. ¡Olé papa! – Josele Santiago (Josele Santiago; Las golondrinas etcétera, 2004).
jueves 11 de junio de 2009
¡Olé papa! - Josele Santiago
Desde el “Nada” hasta su adios Los Enemigos pasearon sus artes por Galicia noche sí y noche también. A los neófitos nos dejaron con el corazón a mil, con la media sonrisa del que se sabe disfrutante y disfrutado. Así, en poco más de un año uno podía hacerse una media docena de bolos con media de notable. Tan a gusto estábamos y tan a gusto estaban que incluso grabaron parte de su premonitorio directo (sí, premonitorio porque acabó siendo despedida, un “hasta nunca” que prolongaron durante meses y meses de giras) en Santiago. Por eso, cuando Josele se lanzó al ruedo él solico, la tribu “enemiga” lo saludó alborozada, yo entre ellos. Esta aventura de Josele te gusta o no te gusta, pero al menos se gana el respeto de ser coherente. Son perlas de autor de un autor mayúsculo. Que no me atrae, lo siento. Suena a sobado recurso, pero “¡Olé papa!” es la pizca de rapé que puedo mascar. Aunque no la hay sí percibo una invisible (quizás telúrica) conexión con su pasado, lo que me ata a ella y me hace proclive a ser tildado de involucionista y escocido. Digo esto porque se que para algunos Josele es Dios y yo no creo en él, pero tranquilos porque adoro el paganismo y me manifiesto respetuoso del politeísmo y politotémico además en mis expresiones. Y no me lincheis todavía, que dijo el samaritano antes de que le descubrieran circuncidado y circunciso los filisteos. En “¡Olé papa!” Josele se gusta, brilla su verso castizo y luce un acompañamiento de lujo, sin ruido y con nueces, cuidado no sino cuidadísimo en el detalle del arreglo y el multiinstrumentalismo. “¡Olé papa!” es la excepción preciosista que siempre gustó en la hueste “enemiga” entre tanto rockerismo de ley. Supongo que en el resto del disco el señor Santiago también se gusta, pero yo me retiro. Se de buena tinta que todos los demás le siguen fieles y hacen muy bien. ¡Olé maestro!, igualmente le saludo, pero es que yo tengo miedo a las golondrinas. ¡Olé papa! – Josele Santiago (Josele Santiago; Las golondrinas etcétera, 2004).
