¿Quién te iba a decir que el mismo menda que en su “pre” y su “post” se ahorcaba con el cable del micro, escupía chicles de fresa y recibía gargajos y sangre en su pelambrera moderna tenía un ansia sixties? Pues resulta que el bueno de Bators tenía alma cándida, de pop sesentero, de radio fórmula de instituto. Al parecer, finiquitados los muy punks Dead Boys y antes de los muy oscuros Lords of the New Church se pegó un viaje a la soleada California, se arrejuntó con unos diestros niugüeveros y se hizo una foto con flequillo y una blanca Vox en sus brazos. Sí, el mismo Bators que vomitaba gustoso la platea del CBGB mandaba a tomar por culo los tiempos y modas imperantes y, añorando su infancia hertziana entre hits “spectorianos” y “beachboyeros” y de inofensivo garage, se regalaba un homenaje a sus “canciones con las que siempre deseé bailar con las chicas del cole y, si no estuviese petado de acné, perder la virginidad”. Sin duda es más fácil así que no proponiéndoles rasurarles una esvástica en el vello púbico, como solía hacer en sus tiempos neoyorquinos. Tras la pertinente escucha a ese pequeño legado pergeñado entre palmeras y chicas en bikini (el álbum “Disconnected” y el recopilatorio “L.A., L.A.”) a un servidor le queda claro que a nuestro protagonista se le daba mejor ser una puta babilónica (juego de palabras usando el nombre del “superyonkigroup” que quería montar junto a Dee Dee Ramone y Johnny Thunders… buen hipódromo) que un idolillo teenager, pero “Swingin’ a gogo” no deja por ello de rezumar buen gusto y mejores formas. Quizás porque reúne el ritmo y compás resultones de un buen formateo pop sesentero, de estribillo chicloso, pero con un deje de cutrerío lowfi enternecedor, como si de una cassette grabada por quinceañeros se tratase. ¿Y qué me dicen de esos coros? Son como poner a unas punkettes a aberrar en un karaoke los grandes éxitos de Crystals, Shirelles y demás. Sabedores entonces de la fechoría, queridos lectores, de este impulso de corazón pop en cuerpo punkrocker, de sueño roto… ¿no resulta encantador? Swingin’ a gogo – Stiv Bators (George Cabaniss; Disconnected, 1980).
martes 7 de abril de 2009
Swingin' a gogo - Stiv Bators
¿Quién te iba a decir que el mismo menda que en su “pre” y su “post” se ahorcaba con el cable del micro, escupía chicles de fresa y recibía gargajos y sangre en su pelambrera moderna tenía un ansia sixties? Pues resulta que el bueno de Bators tenía alma cándida, de pop sesentero, de radio fórmula de instituto. Al parecer, finiquitados los muy punks Dead Boys y antes de los muy oscuros Lords of the New Church se pegó un viaje a la soleada California, se arrejuntó con unos diestros niugüeveros y se hizo una foto con flequillo y una blanca Vox en sus brazos. Sí, el mismo Bators que vomitaba gustoso la platea del CBGB mandaba a tomar por culo los tiempos y modas imperantes y, añorando su infancia hertziana entre hits “spectorianos” y “beachboyeros” y de inofensivo garage, se regalaba un homenaje a sus “canciones con las que siempre deseé bailar con las chicas del cole y, si no estuviese petado de acné, perder la virginidad”. Sin duda es más fácil así que no proponiéndoles rasurarles una esvástica en el vello púbico, como solía hacer en sus tiempos neoyorquinos. Tras la pertinente escucha a ese pequeño legado pergeñado entre palmeras y chicas en bikini (el álbum “Disconnected” y el recopilatorio “L.A., L.A.”) a un servidor le queda claro que a nuestro protagonista se le daba mejor ser una puta babilónica (juego de palabras usando el nombre del “superyonkigroup” que quería montar junto a Dee Dee Ramone y Johnny Thunders… buen hipódromo) que un idolillo teenager, pero “Swingin’ a gogo” no deja por ello de rezumar buen gusto y mejores formas. Quizás porque reúne el ritmo y compás resultones de un buen formateo pop sesentero, de estribillo chicloso, pero con un deje de cutrerío lowfi enternecedor, como si de una cassette grabada por quinceañeros se tratase. ¿Y qué me dicen de esos coros? Son como poner a unas punkettes a aberrar en un karaoke los grandes éxitos de Crystals, Shirelles y demás. Sabedores entonces de la fechoría, queridos lectores, de este impulso de corazón pop en cuerpo punkrocker, de sueño roto… ¿no resulta encantador? Swingin’ a gogo – Stiv Bators (George Cabaniss; Disconnected, 1980).
