
De Johnny Thunders y la herencia “niuyorkdolita” se han escrito filípicas, de mítica más que de crónica. Su paso por las tablas (obviemos el regreso de las muñequitas) está oculto por la neblina de lo legendario. ¡Qué bueno es no ser loser pero tener a mano leerlos y/o escucharlos! De Thunders está todo dicho, pero entrando en profundidad en su capacidad rockerística uno se encuentra a un bárbaro del hacha, pero que igualaba presteza en los dedos con una tosquedad que ‘pa qué. Me explico: rapidear por el mástil sabía, un genio, con tanta maestría que tapaba el disacorde y desacuerdo melódico casi domando ruido. Vamos, que no daba una pero como perro viejo te la endiñaba quemando Marshall, por ello no sabemos a ciencia cierta si alguna vez afinó su Les Paul TV Junior, esa con imagen de
la Virgen entre las pastillas (las de la guitarra, no las que ingería Johnny). A Kane lo dejaremos en paz, así despachadito queda, en segundo plano siempre se gustó y ahí lo dejamos. ¿Nolan? Un motor, el motor que movía al quinteto de glamourosos macarras, siempre encendido para las posteriores aventuras (en un 50% desventuras) de Thunders. Nos quedan dos, Syl Sylvain por ejemplo, batallando en el subterráneo ganó más adeptos que malas lenguas. Con él no me atrevo aún a dar el paso, pues cada vez que encuentro alguna de sus reencarnaciones post-Dolls, algún comentario o crítica me advierte que en formato largo el sirio nunca dio la talla o derivó hacia estilos no compartidos en exceso: rockabillies o powerpopismo melódico… ¿Y Johansen? ¡Llegamos al temita, nenos! Aquí fui a ciegas y hubo suerte. Tanta que les recomiendo su debut homónimo en solitario, en parte por piezas como “Girls”. Retal “dolliano” a pachis con Sylvain, como el 70% de su cancionero tras la defunción del quinteto. Lo mejor de este “Girls” es que permite ver lo genuino que de rock and roll ofrecían estos malditos tras limpiar concienzudamente todo atisbo de maquillaje. Sí, en “Girls” se factura desnudez, de esa que te enfrenta bajo los focos a una turba de motoras y modernillas (solución al 50%) y te permite defenderte sin siquiera tener que esquivar ninguna jarra de cerveza voladora… o al menos la que te enfila va vacía, pues el agresor ha tenido la decencia previa de bebérsela en señal de máximo respeto. Algunos dirán que este álbum es de cinco o seis raspado, porque el pasado pesa mucho, pero yo les juro que el niño ha estudiado mucho y que por lo menos ha optado por la valentía de no responder a aquello que no sabe… no como Thunders, que en alguno de sus trabajos parece no darse cuenta de que los fallos quitan puntos. Johansen, amigo, con “Girls” enseñas la patita, peluda pero buen jamón.
Girls – David Johansen (David Johansen, Syl Sylvain; David Johansen, 1978).