Un viaje a los 50 a todo color. Coges a los maravillosos grupos de chicas, los flanqueas con guardaespaldas de creciente tupé y les haces partícipes de un tic nuevaolero que demuestra que todo aquello de “No Elvis, Beatles or Rolling Stones in 1977” no era más que palabrería. La vida después de Rezillos es Revillos. ¡Qué chorizo el Revilla!... pues de alimentarse se trata. Bobby come back to me – Revillos (Sheila Hynde, Eugene Reynolds, Mark Sinclair Harris; Rev up, 1980).
miércoles 31 de diciembre de 2008
Bobby come back to me - The Revillos
Un viaje a los 50 a todo color. Coges a los maravillosos grupos de chicas, los flanqueas con guardaespaldas de creciente tupé y les haces partícipes de un tic nuevaolero que demuestra que todo aquello de “No Elvis, Beatles or Rolling Stones in 1977” no era más que palabrería. La vida después de Rezillos es Revillos. ¡Qué chorizo el Revilla!... pues de alimentarse se trata. Bobby come back to me – Revillos (Sheila Hynde, Eugene Reynolds, Mark Sinclair Harris; Rev up, 1980).
martes 30 de diciembre de 2008
Devil came to me - Dover
Cierro con la que fue una de las sorpresas más gratas de los mid-90’s el capitulillo que abrí en su día con Killer Barbies y Amphetamine Discharge. Dover me petó las cachas durante un año exacto, con fecha definida, con el alfa en aquella noche en que Radio 3 me regaló ese “Devil came to me” de guitarrazo y voz raspada y el omega en la madrugada en la que un amigo radioformulero se desató en la discoteca gritando “¡sereneiii, sereni mi!”. Lo que oyen. No, tampoco es que sea de los que desechan al grito de “¡vendidos!” todo lo que se despoja de malditismo o minotaurismo (por lo descerebrado, no por lo minoritario) y adquiere notoriedad popular. Alguna vez lo he hecho, pero les juro que este no es el caso. La culpable en esta ocasión fue quizás la rabia, pero también el haber aburrido el cedele en cuestión. Volvamos a aquella noche en que las hermanas Llanos me alumbraron, eran tiempos de indie y les tocó la china. Pero aquella noche eran objeto mimado de Radio 3 y yo, como fiel oyente (aún sigo escuchándola en el curro, incluso trago el Siglo XXI y demás modernidades) me quedé más que gratamente sorprendido por ese flirteo con la actitud y el desparpajo, con las tablas de un combo que parecía que iba en serio, algo muy loable en unos 90 carentes de rock and roll. Una par de radioescuchas más y allá que me fui a mi disquero favorito. De vuelta a mi habitación inicié el ritual de lo habitual, rendido a una propuesta contundente, fantabulosa contra el muermo. “Devil came to me”, tema titular del segundo largo de las Llanos reunía el todo bueno de su tarjeta de visita, la iluminada suerte del que graba el que sabe que es su mejor álbum, sin fisuras, de cabo a rabo. Y el láser quemó esa sucesión de unos y ceros largamente, una y otra vez. Y en eso estaba una mañana, tras regresar de la facultad, entre el alfa y el omega, cuando entró en la habitación el radioformulero. “¿Qué haces?”, preguntó. “Nada, escuchando música”, respondí. “Un grupo raro de esos qué te gustan, ¿no?”, siguió. “Sí”, sonreí, “se llaman Dover”. Calló unos instantes, como si intentase asimilar la música, aunque como todo radioformulero, lo que no se les ha dicho que deben escuchar no lo van a disfrutar jamás. Apenas cinco minutos después, pasadas “Devil came to me” y unas cuantas pildorillas más, gritó alocado, con un leve deje burlón: “¡caña! ¡caña!”. Me sonrió y salió de la habitación. Allí me quedé, no resignado, pues siempre he preferido la soledad para degustar un disco, con la orejita pegada a la cadena. Medio año después, ya en el omega, la escenita inicialmente relatada: Los 40 cedían a la maravilla juvenil, desbordante de espíritu noventero (léase Nirvana como máxima influencia, algo que siempre me produjo sarpullido pero que nunca es causa justa para juzgar a Dover), y programaban “Devil came to me” y demás “serenatas” hasta propiciar el cuádruple platino y con ello la afluencia de un rebaño de ovejitas de discoteca popular hacia la pista, para aprender a agitar cuernos al aire… ¿ovejitas ondeando cuernos? Como cabras… juego de palabras. Y allí estaba el radioformulero, dándose “¡caña! ¡caña!” sin atisbo de deje burlón. ¿Qué qué hacía yo por ahí? Todavía me lo estoy preguntando. Devil came to me – Dover (Amparo Llanos, Cristina Llanos; Devil came to me, 1997).
lunes 29 de diciembre de 2008
Bad girl - New York Dolls
Es como empezar la casa por el tejado. Me pasó con los Clash, en vez de atacar una discografía como Dios manda, lo primero que cayó en mis manos fue un maxi con remezclas de su etapa bailonga. De los Sex Pistols también hubo ración colmada de cochambrosos directos antes de degustar al fin “Nevermind the bollocks”. Y hete aquí a los New York Dolls, los macarras del glam, las más putas y barriobajeras, llamadas a quebrar el buenrrollismo del rock y tiznarlo de rímel corrido y voceras derivadas del tragar priapismo (musicalmente hablando), entrando en mi discoteca vía ep cutre y maquetero. Porque el primer artefacto de las “muñequitas” de la podrida Gran Manzana fue un curioso cedele de cuatro temas, maqueta en origen con Billy Murcia a los parches. Y se nota y se les nota más en su primigenio caldo, “Bad girl” es igual de pervertida, con sonido cerdísimo, crudo incluso. Con el Johansen forzando su dicción de travesti y Silvano y Truenos atronando, como sus hachas indican. Tras la muerte de Murcia, Jerry Nolan propulsaría a los Dolls a otra dimensión más espídica y alocada, reflejada en ese riff torrente del agónico “Human being” que cerraría su legado en estudio dos años después, pero aquí está el combo en su primer asalto, por debajo aún del límite punible de velocidad. Cierto es todo lo dicho, pero en cierto modo en esta rebelde grabación, aún con fisuras se muestran más contundentes, más “stonianos”, a la manera del tiempo que les había tocado vivir, sin anticiparse a ello, como apenas unos meses después (tragedia mediante) lograrían pasar a la historia. Pero esa es otra historia, redundante de palabra y obra, de perdedores míticos… por lo pronto, cuando los New York Dolls se alumbraron ante mí, fue con un “Bad girl” tan vitalista como de vida estaban cargados esos “fusiles” que gustaron de trampear en la contraportada de su inminente debut. Bad girl – New York Dolls (David Johansen, Johnny Thunders; Personality crisis ep, 1990). nota: las grabaciones originales de este piratón son de 1972, un año antes de la muerte de Billy Murcia y de la grabación de su debut.
These boots are made for walking - Nancy Sinatra
Llega la chinita y te dice que está “beaucoup caliente” y te ofrece “chupa, chupa”. En el momento en el que tu miembro duda entre morcillón y viril la chinita te birla hasta el tícket de restaurante. Y ahí te quedas, contemplando cómo la chinita bambolea el culo, cimbreando sobre esas botazas de lumi, mientras se despide de ti con un “bye bye pringao!”. Luego todo pasa, una ensoñación de ti mismo enfundado en uniforme, temeroso de “charlies” pero envalentonado en el gran supermercado del vicio que es Saigón. Todavía retumba en tus oídos el poderoso soplar de la sección de vientos que despide esta llamada a lamer suelas de tal calibre que ni Eric Stanton imaginaría. These boots are made for walking – Nancy Sinatra (Lee Hazlewood; Full metal jacket soundtrack, 1987). nota: la original fue single cañón allá por 1966.martes 23 de diciembre de 2008
12 x U - Wire
¡Qué difícil es ser punk cuando no quieres serlo! ¡Qué duro es que te encasillen y tus tiradas te devuelvan siempre a la casilla de salida! ¡Qué deslumbre cuando alumbras el fondo de armario y te regocijas con lo genuino de los Adverts, la inteligencia de planteamiento de Gang of Four o la desestructuración aka reducción situacionista de estos queridos Wire! Son difíciles, sí, 20.000 surcos de viaje submarino aka minimalismo de la fórmula rock en 21 raciones de minuto y medio. ¿Minimalismo? ¡Mini animalismo, pardiez! “Te vi en una revista besando a un hombre”… y los RIP armaron así el aldabonazo “Txapelgorri”. Tanto por tan poco, sabe a poco para tanto. Tontos que somos de no reconocer lo atrevido, valiente y glorioso de la propuesta. 12 x U – Wire (Bruce Gilbert, Graham Lewis, Colin Newman, Robert Grey; Pink flag, 1977).Crash - The Primitives
American pie - Don McLean
Opereta que resume años épicos del norteamericanismo juvenil y contracultural o, lo que es lo mismo, el “todo por la pasta pero con el parche pirata encolado”. Decía un ex jefe mío que “en la radio, cuando queríamos ir al baño o echar una siesta poníamos ‘American pie’ y todo arreglado, podías fumar un pitillo o dormir la mona de puta madre”. Quizás si hubiese prestado un poco de atención al bueno de Don McLean se hubiese dado cuenta de que resumir una odisea en ocho minutos no es lo mismo que hacerlo en 14 o en simplemente tres. Para unos cantautor, para otros artista, para los que restan un hábil narrador espejo de lo que comenzó con la síntesis del ácido lisérgico y acabó con la puñalada al moreno de Altamont o John Belushi secuestrando a la reina del baile al final de “Desmadre a la americana”… ¿Opciones? Meterse speedballs hasta palmarla, llegar a senador o compatibilizar las dos cosas: sólo eso es posible en los USA. Así es América y así se lo hemos contado. American pie – Don McLean (Don McLean; American pie, 1971).
viernes 19 de diciembre de 2008
Killing in the name - Rage Against the Machine
¿Y por qué no? "¡Que te chupen el chocho! ¡Que te chupen el chocho! ¡Que te chupen el chocho! ¡QUE TE CHUPEN EL CHOCHOOOOO!"... y ¡ale!, todos los quinceañeros a darse de hostias en la discoteca. Así eran los primeros 90, así los más alternativos degustaban el rap-metal (crossover para los puristas) y le quitaban el sello de Tabacalera a las cajetillas por nosequé mamonadas de pseudofascismo encubierto... "¿?"... repito: "¿?" Pues sí, así de confundida estaba la gente, aunque ahora la juventud es tan nerda que lo peor está por llegar, presumo. "Killing in the name" era una bomba según las enseñanzas de Molotov aplicadas al dudoso revisionismo del "mainstream", enfundando la revolución en gayumbos Calvin Klein y quienes más la disfrutaron fueron los pudientes burguesitos. Gilipollas, todos; diversión, siempre. Killing in the name - Rage Against the Machine (Zack de la Rocha, Tom Morello; Rage Against the Machine, 1992).
jueves 18 de diciembre de 2008
Somebody's gonna get their head kicked in tonight - The Rezillos
Bueno, bueno, bueno. ¿Sabes lo que pasa cuando la intuición te juega una pasada maestra? Que lo degustas con fruición. En el caso que aquí nos ocupa hablamos de rotunda sonrisa tras la escucha primera, segunda, tercera… Es increíble que de un país en el que sus gentes acostumbran a ducharse de una a tres veces por semana salga un magma tan colorista, tan hábilmente encuadrado en la cubeta de “cómix con las páginas llenas de migas, releídos hasta el infinito merienda tras merienda”. Este breve exabrupto de los Rezillos es su guiño a la hornada a la que pertenecían (punk) y al universo en que se movían (nuevaoleros que gastaban sus perras entre recortes de Lichtenstein y DC Comics). En su momento me cayeron del cielo justo para armarlos y amarlos en una especie de triada powerpopera que compartían con Buzzcocks y Undertones. Más adelante hablaremos de su “retrogoldinmeyeriano” viaje a los dramas rockers/corales 55-65, uséase, Revillos, porque aunque su único legado como Rezillos sea este “Can’t stand…” vale bien una hucha para gastos en viñetas sci-fi o de agentes secretos. Somebody’s gonna get their head kicked in tonight – The Rezillos (Jeremy Spencer; Can’t stand the Rezillos, 1978). nota: la adquisición de este artefacto se veía potenciada por incluir su directo de despedida, “But the beat goes on”, con lo que uno queda trempado ante una edición tan bien hecha… un apunte, la original es de Fleetwood Mac, no todo era nihilismo entre los crestas.
lunes 15 de diciembre de 2008
From hell - Ultracuerpos
Espíritu de Elvis Presley: “No tengo el placer de conocerte, pero seguro que en algún instante de tu vida me adulaste, alumbraste parrafadas o cambiaste de tercio y vilipendiaste mi nombre para forjar el futuro del rock and roll”.Espíritu de Lester Bangs: “La contraseña es ‘Santiago y cierra Graceland’, ¿verdad?”.
Espíritu de Elvis Presley: “Nopi”.
Espíritu de Lester Bangs: “¿Quizás ‘Elvis is everybody, Elvis is everywhere’?”.
Espíritu de Elvis Presley: “Ante el santo y seña digo 'sipi', entra y háblame”.
Espíritu de Lester Bangs: “Algunos a esto le llaman exhibicionismo”.
Espíritu de Elvis Presley: “Decían que yo me quedé anclado en el pasado, rodeado de corales y coristas y neveras… pero mis ojos leían las revistas, no me importa… lo que tu llamas exceso es la esencia misma… un paraje inmenso puede ser un pasaje intenso”.
Espíritu de Lester Bangs: “Pero estos son siete minutos…”.
Espíritu de Elvis Presley: “… de bola de fuego condensada”.
Espíritu de Lester Bangs: “Sigo sin ver qué tiene que ver todo esto contigo”.
Espíritu de Elvis Presley: “Tú eras el moderno, deberías saberlo... ¿tienes el teléfono de un tal Alfredo 'el Sónico' Smith?”.
Espíritu de Lester Bangs: “Entonces, ¿te gusta?”.
Espíritu de Elvis Presley: “Pronuncian mi nombre, me honran… me honra”.
Espíritu de Fred "Sonic" Smith: "From hell – Ultracuerpos (Álvaro Dorda, Miguel Martínez, Kiko Iglesias, Óscar Caramés; Plan 9 from outer space, 2001)".
miércoles 10 de diciembre de 2008
War paint – Barry Mann
Esta canción a día de hoy sería censurada por su regusto infanticida, según aducirían los paladines (a la taza) de ese absurdo que comprende lo políticamente correcto… aunque hay 16 añitos que están muy bien cumplidos, como bien nos recuerda la historia del rock and roll, jalonada de odas a la corrupción de menores. Aquí Barry Mann, prototipo de prolífico autor e intérprete de tonadas adolescentes, lo deja claro desde el principio: “no te maquilles chati, que no vas a la guerra”. Yo la verdad no entiendo qué polémica puede haber en esta llamada al rollo juvenil, al fileteo y al mazar cruzando lenguas como si fuera la primera vez, a las toscas mamadas de primerizas sin rastro de carmín. En la época en que esta canción llegó a mí, estaba en la edad de desear todo tipo de abuso femenino sobre mi cuerpecito… soñarlo, porque aún faltó bastante tiempo hasta que alguien se dignó a catarme. Como estos temas hoy no me apetece airearlos, me saldré por la tangente. Podría ser 1990, podría ser. Coincide más o menos con la edad apropiada para iniciarse en el onanismo extremo (¡Onán el Terrible!)… pues en esas fechas mi padre trajo a casa el primer reproductor de cedeles familiar. El primer disco que cayó del novedoso formato era uno del Golden Gate Quartet (máximo respeto) y meses después, especialmente para mí, de uno de sus viajes trajo el “Appetite for destruction” de los Guns ‘n’ Roses. La colección fue incrementándose poco a poco, cada uno con lo suyo. Mi tía contribuyó con un coleccionable de la revista Tiempo que revisaba los años 60 por estilos. Una edición de baratillo, cutre, con un encarte que era una simple cuartilla… ni siquiera se esforzaron en una doble, que es lo mínimo, aunque venga blanca. Por ahí tragué canción italiana, francesa, yeyés… con alguna que otra joya que brilló aún más en cuanto descubrí que el amplificador del cedele tenía mal configurado el sonido y sólo reproducía un canal, así que en cuanto pulsé el botón correcto aquello fue como lamer una bola de espejos untada en “md”. ¿Se acuerdan de lo que les dije de Billy Fury? Pues esta “War paint” es su canción hermana, pues venía en el mismo lote, con una ramalazo más rock and roll que propiamente beat, saco en el que era metida, poniendo las cosas claras desde el principio, ritmo tupé y estribillo de radio universitaria. Si alguna vez has pensado que cualquier tiempo pasado fue rancio, demuestras que no tenías ni puta idea. War paint – Barry Mann (Howard Greenfield, Barry Iberman; 1960). nota: en origen se editó como single, el anterior a su gran hit “Who put the bomp”, un año después la popularizarían los Brooks Brothers, de Mann en solitario supongo que habrá alguna antología circulando.
jueves 4 de diciembre de 2008
Streets of London - Antinowhere League
Ayer mismo, siguiendo el rastro de migas de moloko del pulgarcito con cresta (vía RIP se entiende), descubrí el aclamadísimo por los costras “So what” de los Antinowhere League. Y pensé que: nunca fueron grupo de mi devoción. Y pensé que: los descubrí trillando entre un pack de morralla punk de “¡a cien pelas el cedele, señora!” allá por los tardíos 90. Y pensé que: Antinowhere League nunca hubiesen pasado de tercera regional de no ser por la carismática presencia del Animal. Y pensé que: en aquellos tiempos no había ni metal, ni death, ni dobles bombos con esclava, ni speed (de esto sí, pero en polvo). Y pensé que: en su momento “I hate people” me dejó flojo, pero “Streets of London” era otro cantar. Y pensé que: lo que pensé entonces es lo que pienso ahora, que “Streets of London” es una maravillosa perversión de “My fair lady” en la que la protagonista termina violada en un sucio callejón del Soho… rodillas quemadas en los adoquines, uñas clavándose en las mejillas del agresor. Brutos. Streets of London – Antinowhere League (Ralph McTell; We are the League, 1982).
miércoles 3 de diciembre de 2008
Sheila - Billy Fury
Con la moda del nuevo r&b importada a España a través de OT, en los escenarios los supuestos artistas no cantan sino que gritan, ni modulan ni se aplican a la melodía. A todos estos tendría que pillarlos Billy Fury para demostrarles que la figura del intérprete ha de interpretar, que la voz es un poderoso instrumento y cuanto más portentoso mejor y, por último, que el pop no significa ñoñería, que incluso siendo nuestro protagonista carne de portada para adolescentes, hits como este levantan hasta a un muerto. Caray que sí. El considerado primer rocker de Inglaterra además hacía sus pinitos como compositor, como cuando dicen que el Bisbal ha escrito la letra de una canción, calcao oiga. ¿Por qué me gustan las patatas pero no los boniatos? Será porque las grasas fluyen como torbellino, como este torrente de amor teenager, con una guitarra que (me van a matar, pero es que me muero de ganas de soltar una chorrada así) se podría definir como “avant Ramones”... ¡Diosssssssssss, qué sobrada! Ahora en serio, “Sheila” es la magia de la música moderna apta para todos los públicos, sin hálito de maldad porque el “true love will never die” y te lo dice Billy Fury con esa reconversión del rock en estándar para jovencitas y besos en el cine, con una voz que hila verso y onomatopéyicos arreglos como quien tiene patente Singer (esto no tiene mucho sentido pero queda bien) … y te pones la radio y le pides a mamá que te acompañe a tu disquera favorita a comprarte esta rodaja. Sheila – Billy Fury (Tommy Roe; Loving you, 1984). nota: tengo un cacao mental evidente ante la supuesta fecha de edición original y mi firme creencia de que se trata de una grabación sesentera, también con la sospecha de que me hayan dado gato por liebre y se trate en realidad de la interpretación de Tommy Roe de 1962 y, por último, ¿tuvo algo que ver Billy Fury con Guillermo Furia(se)?
lunes 1 de diciembre de 2008
Ashlyn Gere rides on John Dough theme - Double Vision
Ya lo saben, lo confesé en su debido momento: me encanta el porno, soy un amante del género. Y como el ritmo del taladro, del matadero, puede ser musicado, también esta peculiar cinefilia me ha aportado algo a los oídos más allá de jadeos, lo juro. “¿Te acuerdas de las orgías de los chicos y las chicas en los vestuarios?”, esa es la pregunta que le hace la profesora Ashlyn Gere, malvada cabecilla de una secta de féminas arrebatadas por el furor uterino, a ese cacho de carne llamado John Dough, típica vieja gloria atlética del campus. Dicho esto, la Gere cabalga a Dough demostrando el porqué de sus reinados en el mundo del celuloide bañado en lefa. Y es que la Gere es capturada aquí en su plenitud por las cámaras de Jim Holliday, que le dio papel de estrella en esta joya del cine X que responde por “Sorority sex kittens” o, en cristiano, “Universitarias ardientes”. Sí, los treintañeros recordamos el porno de principios de los 90 como algo diferente, ecuador entre la prehistórica época del polvo guionizado y la actualidad de la facturación de chicha untada en tarta de manzana. Por eso “Universitarias ardientes”, sus dos primeras partes con las impagables orgías lésbicas del final (30 chicas sacando lija a lenguas, bullarengues, vaginismos y clitoridianismos), son dignos tesoros de archivo obligatorio en cinta VHS de cuatro horas… hasta que el moho o el olvido ponen su punto y final. Pasadas las pajas de rigor, uno toma nota de la curiosa melodía que conduce la jinetera escena: un vigoroso instrumental al servicio de un ululante saxo. Sí, son los detalles los que diferencian el tener o no tener estrellas Michelín, haya o no michelines en las estrellas, y estas películas se curraban hasta eso, mal que bien, pero lo hacían. Total, que uno se queda con la copla, investiga, y le queda claro que este hipotético “Ashlyn Gere rides on John Dough theme” es obra de unos tal Double Vision, combo fantasma bajo el que actuaban los hermanos Dino y Earl Ninn, compositores habituales de las bandas sonoras del rey del fetichismo y tercer hermano en discordia: Michael Ninn. Y si la canción de marras al autor de la única reseña encontrada al respecto (sí, encontrar referencias a la música en la crítica porno es, a las claras, imposible) le remite a grupos como Reno & the Run Runners (no busquen = 0 información), a mí, dispuesto a aportar un poco de luz o al menos una idea aproximada, me trae a la mente una especie de jingle largo en la onda de unos Booker T & the MG’s de los 80, exagerando (mucho)… pero que demuestra que refocilarse con el intercambio de fluidos es maravilloso. ¡A apuñalarse las ingles toca! Ashlyn Gere rides on John Dough theme – Double Vision (Dino Ninn, Earl Ninn; Sorority sex kittens II, 1992).
Penetración XI
Por la radio acaban de sonar los New York Dolls, que ahora son los New York "Dos", que son los que quedan vivos. También John Fogerty ha aullado y después Pearl Jam y lo último de Guns ‘n’ Roses… sí, el (des)esperado “Chinese democracy”, ¡vaya truño el Axl sometido al doble bombo! Un nuevo mes, adelante. Diciembre lo abro con el propósito de ver por décima vez a mi grupo favorito, con lo que me quedará claro que es mi grupo favorito, por la procesión y la profesión de fe de cara a que me borren del recuerdo lo bueno que fue aquel “chou” ma(n)drileño de hace tres años y el coruñés de hace 18 (¡joder, ya hace 18 años!), para trasladar esa sensación al presente. Y en diciembre además recapitulo y les cuento algo que me dejé en el saco, con especial dedicatoria a los frikis melómanos. Resulta que a un servidor de ustedes le flipan las estadísticas discográficas en plan discos de oro, platino, puestos en listas, semanas de permanencia en las mismas… En mi búsqueda de datos concretos sobre bandas molonas me encontré con a) la frustración de que en Billboard hay que pagar por esa información, con b) que afortunadamente hay frikis hispanos que abren blogs recopilando las listas de ventas de SGAE y AFYVE, y con c) que la RIAA yanki ha puesto su base de datos en la red, abierta a todo el mundo, y el que quiera puede descubrir quién, cuántos y por qué disco ha recibido discos de oro, platino, diamante y caca (si existiera, supongo)… ¡una puta delicia, raros míos! Lástima que uno descubra así que el más lauredado del mundo mundial (perdón, sólo los USA, pues la RIAA es el organismo que certifica las ventas americanas) es … agárrense los machos: ¡Garth Brooks! Sí, 128 millones de álbumes vendidos le avalan. Como grupo mandan los Beatles con 170 y la chati de rigor es Barbra Streisand, con 71 millones de copias endosadas al consumidor. En fin, siempre nos queda el rock and roll… y el suficiente tiempo libre para una próxima consulta que promete: celebran su 50 aniversario con un desglose estadístico pa’cagarse… mamá, soy raro.
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