lunes 29 de septiembre de 2008

Hate to say I told you so - The Hives

¡Qué bien quedan los "aiguanas" y los "aimgonas" en el rock and roll, pardiez! ¡Ojo! No todo el mundo sabe dónde carallo colocarlos, pero si hablamos de aventajados alumnos como la escuela escandinava más de uno se dará con un canto en los dientes al no detectar ni fallos en dicción, gramática o fluido de acordes. El truco está en la educación, como en todo: unos países cuyos zagales maman el idioma del imperio desde tierna edad, que desde ABBA saben apreciar las bondades del rock (siempre me pareció curioso que desde los lejanos años 60 todas las giras de grupos anglosajones cuando saltaban al Viejo Continente hacían paradita o a veces exclusiva etapa en Suecia y vecinos varios), que como alternativa al electroshock curan la depresión usando la electricidad para menesteres musicovocales... que "blablabla" y otros mil argumentos, pues en esos países tiene que germinar semilla batalladora como hay Dios. Y lo hizo. Y nos rendimos a ello desde mediados de los 90 hasta ahora, que solo quedan vivos los "turbonegros" y nuestros protagonistas de todos aquellos gérmenes que habitaban en la infectada punta de lanza rockerita que invadió Europa y después (medianamente) los USA desde el norte del Báltico. Pues bien, lo dicho, los Hives son de esos que se tienen la lección apredidísima, por el lado del garage más guerrillero, "pola beira de Lestrove, pola beira de Lalín" rockandrollismo compulsivosaltarín. Ahí queda eso. Y uno, que siempre llega tarde, agradece de vez en cuando que un bendito cruce de hondas hertzianas (o las que correspondan a la televisión) le pusiese en su ruta. Pirateando sin querer la señal parabólica de un vecino me llegó un tropel de canales cuya programación única consistía en videclips del copón. No, no hablo de MTV o Los 40 TV, sino de la Viva TV y demás parrilla germana (otro mercado conocido por el respeto al "ruok"), que no se cortaban en juntarte el "Get it on" de Turbonegro, el "Toys and flavours" de los Jelacas y este pepinazo a volumen brutal (porque si algo caracteriza a los discos de los Hives es que el volumen está hasta arriba, casi reverberando si se te va la olla al poner el cedele) que responde por "Hate to say I told you so". Esa estética de corbatín y uniforme, ese misterio en torno a quién es quién en la banda y en las firmas (truco viejo para jugar con el fanatismo, pero bien y hábilmente retomado), ese "rockear" sin concesiones sin importar si el "kaboom!" se produce en minuto y medio o tres, esa falta de complejos y ese "savoir faire" que todo combo escandinavo ama por encima de las cosas (que suene bien y potente, "I mean") pues te mete en vena un pelotazo de padre y muy señor mío que, con toda la lógica del mundo, acaba en portada de NME's y Melody Maker's del mundo dado lo estéril del panorama en aquellos tiempos. Los Hives, buenos aún a pesar de los años y de las campañas gastadas en asaltar el Oeste (los USA y las británicas islas), banda arrolladora que han puesto el garage en órbita, a pesar de que los mayoritariamente imberbes fans no se han preocupado de estudiar la lección y respetar a sus mayores. En fin, ese es su problema... como fue el mío localizar este disco en alguna tienda tras videar tremendo hit en la caja tonta... "Tirorarí tarirorirorarí bicós aiguana! Tirorarí tarirorirorarí bicós aimgona!" Hate to say I told you so - The Hives (Nikolas Almqvist; Veni, vidi, vicious, 2000).

viernes 26 de septiembre de 2008

Susie Q - Creedence Clearwater Revival

Si yo fuera el "artista vanguardista amo de la pista" lo admitiría sin tapujos, de nada vale el garabato si al lado no estampas tu nombre. Porque así, dicho garabato pasa a genialidad improvisada y posibilita el que amigos, conocidos, pseudoadmiradores, chupópteros y sátrapas te citen en la historia de sus logros comerciales. Se sienten tan indefensos y son tan obtusos e ignorantes que siempre han de apostillar que lo que tienen entre manos es obra del "artista vanguardista amo de la pista", por si los que saben de verdad no lo pillan o por si los que no saben (o prefieren no saber, que a veces es bueno) no han dejado escapar suficientes muestras de admiración ante El Producto Soporte. ¡No me toques los cojones! Joan Miró y no vio nada, así de claro. Porque El Producto Soporte vale más que mil dibujos. Aunque le da empaque de guinda al envoltorio, dan ganas de buscarle tres pies al "gatefold". Toda esta estupefacción típica del buceador enciclopédico queda olvidada en cuanto pones en el plato el vinilazo y "el más injustamente olvidado de los mejores grupos de rock de la Historia" (maticemos: olvidados sí, pero gracias a ello permanecen sin mácula) te abre en canal con la más cruda reversión del "Susie Q" conocida, casi nueve minutacos (versión split de cuatro en el "Chronicle volume I"). Porque los CCR eran filetaco sangrante, el retorno al rock and roll, a la canción redonda... vistiendo camisa de leñador en tiempos de abalorios. Esto no va de los vicios de los Rolling Stones o de ínfulas hinduístas de los Beatles, la CCR eran R-O-C-K, así a secas, con la cara lavada y recién peiná(os)... por ello quizás la troupe más radical del hippismo les daba carnet triple A ("access all areas") en su mundo de militancia obtusa y ellos simplemente decían "gracias" y seguían componiendo con un lóbulo cerebral en el delta sureño y otro en el heno del granjero midwest. "Susie Q", que en origen no es ninguna fémina sino un baile popular de los años 30, resulta tan simple en apariencia como rica en sutiles matices de feedbacks y ecos, tarjeta de presentación de John Fogerty & Co., autores del libro: "Cómo montarla editando siete álbumes en cinco años y pulir en ventas 13 discos de platino con la simple fórmula de las cosas bien hechas, las de toda la vida, como la cocina de mamá". Susie Q - Credence Clearwater Revival (Dale Hawkins, James Burton; Chronicle volume 1, 1976). nota: cito la antología con la que entré en el mundillo CCR, una de las mejores compilaciones jamás editadas a mi entender en el mundillo del rock and roll, aunque no es difícil ante tamaño cancionero; en fin, originalmente abría el debut homónimo de los CCR allá por 1968.

Suffragette city - David Bowie

A David Bowie, a saber porqué, le tenía yo manía. No me entraba y lo emparentaba musicalmente a cosas como Phil Collins o Peter Gabriel. Antes de que me lapiden, permítanme decirles en mi descargo que los 80 y los 90 lograron como pocas décadas que las apariencias engañasen a los no puestos en materia. Un conocido, a quien tenía en buena estima musical, me declaró en el trajín de una etílica conversación en el coruñés bar Lentejo (el precedente inmediato del Crápula, de cuando la Ciudad Vieja era la Ciudad Vieja), allá en los primerísimos 90, que su ídolo era Bowie. Y lo dijo así, tan campante, y yo no entendía cómo era eso posible. Pero pasan los años y algunos damos rienda suelta a nuestra filia por devorar conocimientos y entre libretos y revistas varias se descubre al adolescente todo un mundo de colores vivos, de mucha vida antes de lo que para nosotros era toda la vida posible. Y así te das de bruces con "Suffragette city", con el rock and roll en carne viva, con el lenguaje de los primeros buses de la mañana que te llevan a casa a dormir la mona, a extirpar la colección de excesos recolectados el fin de semana, con Mick Ronson abriendo espaldas con su látigo de seis cuerdas y el Bowie comandando el festín setentero. Nuestra protagonista viene además empaquetada en uno de esos artefactos que uno se pule de principio a fin pensando "¡qué puta maravilla!", discos que porcentualmente son tan escasos en la ingente producción rock que al escucharlos por vez primera se te vienen encima la sonrisa y el asombro propios de toparse con una O-B-R-A M-A-E-S-T-R-A, de recordar por qué cojones te gusta esto del rock and roll. Sensaciones así las tuve con el "Transformers" de Lou Reed, el "Bloodbrothers" de los Dictators, el "Rock and roll" de los Cynics y algunos -pocos- más... perfectos de cabo a rabo. Y así es "The rise and fall of Ziggy Stardust and the Spiders from Mars", el álbum que invitó a toda una generación a vestir plataformas y ungirse de purpurina. ¡Casi nada, colega! Suffragette city - David Bowie (David Bowie; The rise and fall of Ziggy Stardust and the Spiders from Mars, 1972).

jueves 25 de septiembre de 2008

Lambrusco kid - Toy Dolls

Cuando a una etiqueta le salen más etiquetas, malo. Una copia de una copia es una fotocopia, una etiqueta de una etiqueta es un código de barras. Eso pasó a principios de los 80 con el punk. Mira que es difícil encontrar variedad en este obtuso género, pero los críticos (as usual) consiguieron complicarse la vida y nacieron el street punk y muchas cosas más. Entre ellas había una reservada para los que nos ocupan, los Toy Dolls eran ni más ni menos que “punk pathetique”. Abran la boca y digan como yo: “¡joder!” tres veces y otras cuatro “¡madre del amor hermoso!”. En mi modesta opinión, reconozco que siempre vi a los Toy Dolls como un chiste, un grupo sin más pretensión que divertirse y divertir, alejándose de toda la parafernalia política del movimiento para simplemente relatar bromas musicadas a mil por hora. Esa es la impresión que me dieron cuando escuché este “Lambrusco kid” (y otras más) en su primera antología “Ten years of toys”. Mecánica del chascarrillo tras chascarrillo que me llevó a pillar vía Discoplay un cassette con el “Wakey! Wakey!”… y ahí se acabó, ninguna risa más. Ahora que lo pienso, en la Discoplay (que hace mucho que no me mandan, por cierto) había meses que tenían página propia con logo y “dibus” incluidos… debían ser un grupete de saldo y tirón… o con tirón, pero de saldo… según se mire. ¡Qué tiempos los del Discoplay! Algún día haré una lista de esas tan del gusto de Rock de Lux con “todo lo que me compré en Discoplay y no siempre disfruté”. “Lambrusco kid” será una chorrada musical, o no, pero siempre estará en mi cabecita con ese impagable coro de “uooh-oeoh” tan de mi gusto, por encima de la espídica interpretación. Eso sí, aunque no rascaban las seis cuerdas a la vez y de vez en cuando se permitían punteos, los Toy Dolls acababan siendo más repetitivos que los Ramones, pero no resta nada al mérito de lograr resultones estribillos y coreables sucesiones onomatopéyicas, como los Adicts mismo. Discoplay mediante, ahí me tenían con 12-15 años haciendo el gamba en mi habitación con una canción tan estúpida que merece la pena glosar, porque a veces vale más la pena desinhibirse que andar metido en tanta lucha utópica de versos… el Muro de Berlín hace tiempo que cayó, les recuerdo. Lambrusco kid – Toy Dolls (Michael Algar; Ten years of toys, 1989). nota: cito antología, la original aparecía en el “Iddle gossip” de 1986.

martes 23 de septiembre de 2008

Autodestrucción - Último Resorte

¿Hablamos de mí? Cuando me llegaron, allá por los noventa y pocos, no eran más que un curioso relleno de cinta. Compartían escaso hueco al final de una cassette (de Dead Kennedys, creo) junto a los Larsen. Éstos últimos tenían un simpático "Lucha contra el tecno" muy apropiado para hacer las delicias de un preadolescente (o adolescente tardío), pero lo de Último Resorte era harina de otro costal. Los acogí con más reservas y reservado sigo porque en exceso se me atragantan sus adrenalínicas descargas. Pero "Autodestrucción" es diferente, porque representa la primera transgresión del dogma punk tal y como yo lo había entendido. ¿Qué carallo pintaba allí ese sinte? Claro, estamos hablando de un chavalín saturado de Sex Pistols que avanzaba a marchas forzadas por la senda Clash o Dead Kennedys (como antes citaba) y que lo más arreglado que perdonaba su rictus eran los Jam. Pero sí, "Autodestrucción" resultó ser un signo raro de que los tiempos no estaban cambiando, sino de que hacía años que el cambio estaba hecho... de cero a cien en lo que tarda en cronometrarse un arrebato. ¿Hablamos de ellos? De golpe y porrazo declararon obsoleto el punk y dieron el pistoletazo de salida al hardcore de la que fue la mejor y más fuerte escuela del género en España, la de Barcelona. Y eso lo hicieron con su agonía, con su último escupitajo, degenerando y abominando de todo lo que quedaba. Es curioso, con su muerte las criaturas se lanzaron a hacer más ruido y más rápido y fue posible. Sí, empezar por el final una historia a veces aporta más. ¿Y antes? Pues lo suyo era integrismo punk, atropellado sonido y un (sin)vivir las calles de una Barcelona que había dejado pasar a los "traperos" y había cubierto con un tupido velo ese pequeño atisbo de rebeldía de adolescentes, curriquis y canallas. En ese caldo de cultivo lidió Último Resorte, más sólos que la una, sufriendo las miradas y puños de unos y otros. De golpe y porrazo golpes y porrazos, en Barcelona, Madrid... allá donde tocaban. Sin embargo, su filiación y radicalismo a ultranza les jugaba malas pasadas, creérselo demasiado les hizo objeto de jugarretas varias, lo que no ha hecho sino incrementar su leyenda actual. ¿Hablaron de ellos? Sus artefactos rompían clichés: su primer single contenía siete temas y el ep siguiente fue reseñado en Maximum Rock'n'Roll (biblia musical "andergraun" internacional por la que también circularon y crearon fama los euskaldunes RIP)... y se alababa su "toque pasional sobre buenas composiciones de fieros guitarrazos (...) si hubiese un Barrio Sésamo del hardcore ellos pondrían autoría a su sintonía". ¿Quitaban el habla? No suelo hacer esto porque suelo recurrir al Google y arramplar anónimas imágenes que poco o nada tienen que ver musicalmente con la historia que cuento (ej: botella de estricnina en vez del Potrudi gritando en la entrada anterior), pero aquí hago una excepción mostrando una instantánea "copypasteada" (¡sorry Silvia!) de Silvia y Rosa, las dos féminas de Último Resorte, departiendo en unos lavabos con una señora, sentadica ella. Sirva este texto como acreditación de la fechoría de apropiarme de la foto. ¿Hablaban ellos? Pues sí: Autodestrucción - Último Resorte (Silvia Escario, Juanito Resorte, Juan Antonio Recio, Rosa Artesero; ¡Qué difícil es ser punk!, 2000). nota: cito la antología oficial que recopila todos sus trabajos, incluido el ep "Una causa sin fondo", de 1983, en el que se editó originalmente nuestra canción protagonista.

lunes 22 de septiembre de 2008

Strychnine - Fuzztones

La original, más sucia, garage en estado puro, es de los Sonics. No haría falta el apunte de no ser porque algún talibán exigiría justo tributo. Pero a mí me entró por los Fuzztones y por los Fuzztones la recuerdo. Esa intro de teclado, ese teclado envolviendo ese "taca-taca-rock and rollah!"... es decir: la copia, limpia de impurezas, garage nutricional, los Fuzztones. Y yo, que soy más de la caña burra, del bando de los Chinis (Cynics) antes que de los adoradores de Rudi Potrudi (con lo que no digo que este hombre no meta mambo al cuerpo), voy y les digo que allá por 1996 me pasaron una cinta casera con "lo mejor de los discos de un grupo llamado los Fuzztones". Así sería si no fuese (verbo "ser" en todas sus formas) porque el "pasador" del artefacto era un versado en sonidos del "andergraun" rockerito a sus tiernos 20 y era docto en pasar sustancia buena y gelatinosa. El resto de la cinta no me dejó mucho más allá que una correcta opinión de las formas de los Fuzztones (ahora sí que los talibanes me van a partir la cara... ¡cómo me atrevo a afirmar esto!), pero ese "Strychnine" era una puta genialidad, un homenaje al veneno que la música nos inocula a los perdidos. ¡El puto ritmo del garaje, señora! Strychnine - Fuzztones (Gerry Roslie; Lysergic emanations, 1985).

jueves 18 de septiembre de 2008

Glory and consequence - Ben Harper & the Innocent Criminals

Cantautor eléctrico, moreno de mis negritudes, ¿tú sabes el pedazo póster que de tu figura colgaba en esa habitación de colegio mayor? Pues sí, morenete rizado, dos metros de altura por uno y medio de ancho de papelazo, el mejor camuflabutrones de la historia. Baila moreno, baila con garbo, cantautor de raíz mascable, folk de regaliz electrificado. Así estaban todos entregados a tí, en esa época en la que yo era bicho raro por rockerito y ellos (los más bellos, los del vello erizado) avanzaban de la casilla del indie a la del "más alternativo imposible, oiga". Así se reunían y descubrían a Bob Dylan, a los trágicos Buckley, a Bruce Springsteen, a todo lo que se ha dado en llamar "americana"... entre porro y porro y corro porque te toca también cogían con gusto de Radiohead y de toda la hornada postrock y emocore del mundo (aunque me miraban mal por apologeta de Fugazi) mientras se ilustraban con "Rayuela" y ralladas varias. Y entre ellos estaba él: el moreno capturado en papel, toma cenital rodeado de cables y primeras filas vociferantes. Eléctrico cantautor: todo lo anterior me viene a la cabecita en cuanto escucho esta canción. ¡Qué vivan la paz mundial y demás hostias benditas! Glory and consequence - Ben Harper & the Innocent Criminals (Ben Harper; Live from Mars, 2001). nota: cito el álbum que figura en mi "discoteque", un directo molón, la versión original de nuestra protagonista está en el álbum "The will to live" de 1997, por si os place.

miércoles 17 de septiembre de 2008

Toca el pito - Kaka de Luxe

En estos tiempos de digitalismo atroz va todo en un mismo paquete: te pillas los Pegamoides y en el combo añades Dinarama y Kaka de Luxe. Y miren ustedes lo que afirmo sin remilgos, ¡qué país éste! Se me ocurren mil y una posibilidades de encabezado de esta viñeta, pero hay uno que está claro: el punk en España lo importaron unos aburridos hijos de papá con posibles que aforaban lo suficiente para que sus retoños se fueran de viaje iniciático a Londres. Mujeres de visonazo aplaudiendo las travesuras de sus querubines... ¡qué punk! Eso fue Kaka de Luxe y si alguno quiere reivindicarlos y darme en la cara con argumentos magnificadores de sus andanzas no se va a salir con la suya, pues los Kaka no pasaron por ser una panda de cerebritos pop (sí, pop) abusando del colorete en los años de las primeras frustraciones sexuales. Vale que tuvieron que pagar la des-facha-tez (apunten lo de "facha", estábamos en Transición) de los ignorantes que los rodeaban (ese redactor de Interviú preguntando "¿Y cómo follan los punks?") y las hostias de algún que otro boina, pero Kaka de Luxe no pasaron de descaro y simpático émulo de Ramones. Si alguno busca cruda realidad y denuncia callejera en los cimientos del punk hispano debe viajar hasta la Barcelona de la Banda Trapera... la misma época, diferente historia... de los "curriquis" de Cornellá ya hemos hablado por aquí y ahora no viene a cuento retomarlo, así que volvamos a los entornos burguesitos de Kaka de Luxe. La leyenda se la sabe todo el mundo, liviandades e imperdibles, rebeliones de colegio mayor y una excitante travesura, como ya decíamos antes. Y que muchos así comprenderán cuando les desvele (vía confesiones de El Zurdo) que el primer tema que compusieron juntos ese tándem de lujo del pop español que acabaron siendo Carlos Berlanga y Nacho Canut era nuestro protagonista. "¡Toca el pito! ¡Toca el pito! Y en un momentito... ¡Guau! ¡A tu lado estaré!". Así, sin más, en un delicioso e intrascendente minuto y medio. Hablando de intrascendencias e imposturas, ¿se dan cuenta de que en toda esta parrafada no la he citado ni una sola vez a "ella"? ¿Y quién es "ella"? ¡La de las mamellas, juas! Toca el pito - Kaka de Luxe (Carlos Berlanga, Nacho Canut; Las canciones malditas, 1983). nota: este disco se editó con Kaka de Luxe finiquitados cinco años antes, se trata de un álbum que intentaba aprovechar el tirón comercial de Pegamoides... de todas maneras el original salió en el ep homónimo de debut de los Kaka, en 1978.

lunes 15 de septiembre de 2008

The wind and more - Roky Erickson & The Explosives

Mescalina, mi amor. Con el cerebro frito por el electroshock, motivado por su deriva esquizoide inducida por lo anterior y el abuso de peyotes y demás sustancias, Roky Erickson se armó de guitarra para pasarse de la magna psicodelia de los 13th Floor Elevators al rock de garage de combustión espontánea. En esta aventura, en la que se acompañó de solventes pero anónimos grupos, se dejó de magias y regaló sólo rock. Esta especie de Syd Barrett a la americana se creía poseido por un alien y como un alien se quedó, pero a nosotros lo que nos interesa es la ceremonia de abducción en sí, la que tiene la culpa a fin de cuentas de que este doble llamado "Casting the runes" sea un morlaco en aras de ser ensartado y asado para disfrute en un banquete de bárbaros rockeritos. "The wind and more" es vendaval, ejemplar de muestra para adentrarse en este dignísimo registro en directo (varias grabaciones de 1979 recopiladas) y así les cuento el proceso: a) ¿Y esto qué es? b) Oye, mola, ¿no? c) ¿Este tío es el de los 13th Floor Elevators? ¡Pues no tenía ni idea! d) ¡Oye, gracias por grabármelo, de verdad! The wind and more - Roky Erickson & The Explosives (Roky Erickson; Casting the runes, 1987).

Mexican radio - Gruppo Sportivo

Navegando de blog en blog leí una curiosa definición sobre nuestros protagonistas: "Una banda de sota-caballo-pop". Personalmente me parece una frase magistral y al que no le guste pues lo siento. Poco hay que rescatar en la web sobre Gruppo Sportivo, una lástima cuando son combo tótem del "niugüeverismo" holandés, con afortunadas marcas en listas americanas y británicas y legión de devotos en los ma(n)driles ochenteros. Volviendo a la frase, es concisa y exacta, Gruppo Sportivo eran pop, del que se siente al estallar los oídos en un despegue/aterrizaje aeroportuario. Con todo esto, después de leer líneas y líneas sobre los logros de esta peculiar banda del país de los tulipanes, pues uno acaba por hacerse con el primer saldo que encuentra y descubre un discurso simpático y musicado desde la óptica del mejor injerto nuevaolero. Tan simpáticos que se nos suelta la quijada para reir bromas como "Mexican radio", versión de los ochenteros Wall of Voodoo que Hans Vandenburg (cerebro encofrado en brillante calva billarina) hace casi suya acompañado por esas coristas (las Gruppettes) que tan buenos resultados dan en su cancionero, trufado de "new", de "wave" y de "pop"... y tampoco mucho más, que no hace falta. Mexican radio - Gruppo Sportivo (Marc Moreland, Stan Ridgeway; Back to 19 mistakes, 1987). nota: cito el álbum original, un recopilatorio para el que grabaron expresamente el tema para darle algún sentido a su adquisición por parte de los fans de siempre... yo la conseguí en otra antología (de la que ahora no recuerdo el nombre), lo que supongo que es la mejor vía de conocerlos, pues temo que su discografía esté en el limbo de las medias tintas.

martes 9 de septiembre de 2008

Selector de frecuencias - Aviador Dro

De esto hará dos semanas: buscaba "De máscaras y enigmas" de Alphaville y acabé con los bolsillos petados de Aviador Dro y cursos de especialización obreril. El espectro del electro, el tecno pop como género ibérico y en genérico entendido como el “háztelo tú mismo” hispano. Curioso que el espíritu DIY no venga del ruido sino de la tecnología del cachivache o de géneros exquisitos (hablamos de DRO y GASA). El caso que nos ocupa es el primero y la historia es reveladora del miedo hispano a la evolución. Hablábamos recientemente de los Esplendor Geométrico, escisión radical de nuestros protagonistas de hoy, y aunque aquellos se llevan el diploma al mérito por introducir la animalada industrial (en letra y ruido), éstos logran mención de honor a la bomba iniciática. La oscuridad neosoviética se alumbra aquí con el fulgor de naves espaciales y estaciones lunares, donde el sol quema más. “Selector de frecuencias” es un manual que en seis minutos nos explica paso a paso cómo construir pop sobre un artificio, cómo musicar un manifiesto (d)evolutivo (pues bebe de Devo y Kraftwerk sin camuflaje) y cómo denunciar que a golpe de 2008 seguimos robando de 1980 y esta vez sin ni siquiera citar fuentes. La mecánica del audio y la robótica del habla es en “Selector de frecuencias” radiable, carne de ondas, por lo inocente y asimilable. Una óptima maniobra de aproximación al satélite tecno de estos parajes. Es la fórmula del tecno pop, que en ejercicios anteriores como “La chica de plexiglás” o “La visión” suena más acelerada y urgente, como una perfecta banda sonora para el “Megatraveller”, pero que pulidas las aristas (es decir, la marcha de esos Esplendor Geométrico que avanzan del durísimo pero estándar “Moscú está helado” al doloroso “Necrosis en la poya” y más allá) establece sus reales en un taller de lucecitas rojas, verdes y tipografía de calculadora. Comprendida la broma, aquí el objetivo no es adelantarnos el futuro, sino divertirse musicándolo. Selector de frecuencias – Aviador Dro (Servando Caballar; Alas sobre el mundo, 1982). nota: cito el álbum original en que fue editada la canción, yo dispongo de un recopilatorio casero de primeras grabaciones que no viene a cuento poner, pero valga citar que el álbum original o cualquier antología del Aviador no deben ser difíciles de encontrar.

lunes 8 de septiembre de 2008

Lola, Lola - Orquesta Mondragón

Era una espinita, roma ya, que de vez en cuando me rozaba el músculo inquieto y lanzaba una sonda marca “¡Píllate ese disco de una vez!”. Y la labor investigadora es agradecida la mayoría de las ocasiones, merced a la basta red de información circulante hoy en día. Así, mi último descubrimiento es un redescubrimiento. Los diez segundos de playback del albor ochentero grabados en vídeo se vuelven “discografía entera”. Tampoco hay que pasarse. Suele ser regla no escrita en mí el “bajarme” (así, con todo el morro) el trabajo esencial o deseado y (cuando no coincide) el debut… dos álbumes al menos, pues ya saben que el vinilo son 30-45 minutos y dos bien caben en un cedele. Y en esas estamos que lo que nunca se me hubiera pasado por la testa tras asistir al devenir tardo ochentero y decadencia de la década posterior de nuestros protagonistas se hubiese convertido en sorpresa mayúscula al entrever entre las cortinas del telón todo un propósito de “art provocateur”. No es alcanzar a escuchar a nuestra “Lola, Lola”, rockerito temazo que según la crítica es lo único salvable de “Cumpleaños feliz”, tercer disco de la saga de la Orquesta Mondragón. Es empezar a comprender de qué va todo esto. Supongo que, en la época, el seguimiento en tiempo real de la carrera musical del peculiar combo resultaría en el cansino “este chiste me suena”. Pero a ojos de nuevo siglo, olvidados por la pátina temporal el “Ellos las prefieren gordas” e incluso el “Caperucita feroz”, uno acude virginal a este acto burdelesco, auténtico vodevil de música moderna que a la chita callando y en pleno 1979 (ni punk ni hostias, que eso en España casi ni existía) trama barriobajerismo entre rock y blues circenses. No hablo de “Cumpleaños feliz” ni de “Lola, Lola”, sino de ese debut “Muñeca hinchable” que habla muy y muy mucho de que estamos ante un espectáculo que funde rock y cabaret de tercera (los mejores, por supuesto). En la portada te topas con Iván Zulueta sacando ese arte tan suyo y tan pop que evoca a Abe Gurvin o Wesselman (exagerando llegamos a Richard Lindner). En las letras el crudismo navajero de Eduardo Haro Ibars, “intelligentsia” del “Aullido” ibérico y del romance de urinario que lo mismo da que qué más da Berlín que Bilbao en desoladoras (sí, desoladoras) historias como las de “Hotel Azul”… que les juro que yo no me río sabiendo cómo acabaron todos los Haro Ibars del mundo y los clientes de la mencionada oferta hostelera. ¿Es esto una broma? ¿Es esto el “Viaje con nosotros” que viste en TVE hace ya más de 20 años? Puede, pero una broma articulada con sentido escénico, teatral… con el rock puesto sobre las tablas que dominan ese camaleón de los focos que es Javier Gurruchaga y su inseparable escudero Popotxo Ayestarán, alma visual de la Orquesta Mondragón. Sofás de “skay” rojo, “porros de fresa y limón” y maquillaje corrido por el sudor… exprimes todo eso y tienes “Lola, Lola”… algo tan inocente como bailar rock and roll (rock maestro, pues en las filas de la Mondragón aquellos años ya milita Jaime Stinus) cuasi niugüevero (¿qué tiene de malo, acaso no es un discazo el “Bulevar” de Burning?) mientras te hablan de amar a una mantis religiosa. Lola, Lola – Orquesta Mondragón (Javier Gurruchaga, Jaime Stinus, Fernando García de Canales, Luis Alberto de Cuenca; Cumpleaños feliz, 1983).

miércoles 3 de septiembre de 2008

Moscú está helado - Esplendor Geométrico

Esto es lo más cercano a la estabilidad emocional que puedes catar de Esplendor Geométrico si no eres afín a lo industrial (vía apocalíptica) o si tu devoción por el electro se circunscribe al territorio tecno pop. Este es el último capítulo de la célula rebelde escindida de Aviador Dro antes de mutar en cancerígena implosión por la vía del ruido, adquiriendo independencia total en fondo y forma y personalidad propia, no igualada hasta ahora. Los devocionarios de esta máquina infernal de cataclismo turmix se reirán en mi cara al grito de "¡poppie de mierda! ¡cagao!", pero tras haber ingerido de un tirón un recopilatorio casero conformado por la titular, el single "Necrosis en la poya" y el cassette "EG 1" a un servidor aún le tiemblan los higadillos con tanto plan quinquenal sintetizado fuera de control. En "Moscú está helado" aún se atisba algo semejante a lo que podríamos entender como un single estándar... ¿los "aviadores" tenían miedo de esto? Entonces lo que vino después les sentó seguramente como una patada en los cojones. Dejando de lado todo el surtido de fragua y fundición al rojo que marca el 70% de su producción, las escasas muestras de hilo vocal y musical como "Necrosis en la poya", "Negros hambrientos" o "Destrozaron sus ovarios" logran su resultado: epatar. Una animalada abrasiva montada en bola de acero de demolición. Dicen que por cosas así los más modernos de la movida removida madrileña dejaron de hablar a los Esplendor Geométrico... lo cual se traduce en que los más modernos de la movida removida madrileña eran gilipollas e incapaces de salir de su redil/cubil de oscuridad fingida. Esto sí es oscuro: imaginería soviética de gulag estepario, nieve en el Kremlin y la Guardia Roja vigilando la entrada en la fábrica, auténtico dragón devorador de almas a miles de grados de temperatura estomacal. "Moscú está helado" es el anticipo, la única concesión a la cordura del coleccionista, incluso bailable, para regocijo de los propios Esplendor Geométrico que ven entre risas que no hemos entendido nada cuando no había nada que entender... así de sencillo. Una tenue luz cerillera de pop lowfi antes del apagón industrial... y te aseguro que en oscuridades así se pasa mucho miedo... o te vuelves loco. Moscú está helado - Esplendor Geométrico (Arturo Lanz, Gabriel Riaza, Juan Carlos Sastre; 1980). nota: aclarar que esta canción originalmente formaba parte de una maqueta y que fue incluida en un sampler de un sello alemán por lo que nunca fue editada propiamente como single o incluida en un disco largo, de todas maneras es relativamente fácil de encontrar en esta red de redes.

martes 2 de septiembre de 2008

Common people - Pulp

Eran las cuatro y el chico rubio se acercó y me susurró al oido: "¿Puedes ayudarme?".
Eran las cuatro y media y la chica magenta se acercó y me susurró al oido: "¿Qué hacías en el baño?".
Eran las cuatro y treinta y uno y respondí: "Ayudar al chico rubio".
Eran las mismas, en las mismas estábamos, y la chica magenta sentenció: "Ya, tú y las 14 personas que acabais de salir de ahí dentro con las pupilas dilatadas".
Eran las cuatro y cuarto y el chico rubio explicaba en el pequeño cubículo (vicio en el servicio) a los 15 voluntarios que había reunido que: a) se le había caído toda la gramada de la bolsa b) era un "poco" más de un gramo y c) había que entender "poco" generosamente, más cercano al plural en gramos que al singular.
Eran las seis y todos bailábamos y nos sentíamos bien, entre los veintimuchos y los treintaypocos.
No era fiebre del sábado a la nuit, era la rotura de las cadenas de montaje del "lunes a viernes de nueve a seis"... Eran y son los himnos generacionales... dejadme en paz, yo sólo quiero bailar. Esta noche.
Apunte: Common people - Pulp (Jarvis Cocker, Nick Banks, Steve Mackey, Russell Senior, Candida Doyle; Different class, 1995).

lunes 1 de septiembre de 2008

Penetración VIII

Yo mismo con mi mecanismo me he montado una sesión alterna con un ring de juguete, plástico. En una esquina los primerísimos Aviador Dro (con sus obreros especializados engrasando los ejes), en la otra la facción rebelde de Esplendor Geométrico en sus primeros y aterradores balbuceos (ajados los engranajes). Atiendo al combate, al despliegue de máquinas y quedo sorprendido porque, "efectiviwonder", ya todo está inventado... ¿Cuántos de los planteamientos fanzineriles de ambos combos guarros no han pasado por mi cabeza o algún otro les está dando cumbia como modernidad absoluta a día de hoy? Nada nuevo bajo el sol, pues ya amaneció allá por 1980. La gracia está en que los listos de hoy son listos y no citan fuentes. ¡Ay, la ética! ¡Ay, la estética! ¡Y con estos pelos indago en el ruidismo máquina! Tengo miedo... ¿tengo miedo? No. El tecno-pop seminal, esplendoroso, arrebatado de juventud y futurismo de Aviador Dro versus el maquinismo radical (sin "k") y militante de los Esplendor Geométrico. Los primeros asumibles desde "Nuclear sí" y "Chica de plexiglás" hasta "Selector de frecuencias"... y asimilables. Los segundos ruido turbador tras el despiste con encanto de "Moscú está helado" y epatante bomba atómica de sintes de "Necrosis en la poya" (sic). ¿Le estoy dando al tecno? ¡Ay, pienso eso y me veo canturreando el simpático "Lucha contra el tecno (afiliate al punk)" de Larsen! Algo más, apunten: fascinación por lo soviético. Mientras los Aviador Dro tiran de futurismo espacial (vía estética Devo o ese pop en imágenes de La Mode), Esplendor Geométrico tiran por una vertiente que en la época causaba furor: el telón de acero y su imaginería. Lo capitalista siempre ha sido la moda, el ritual de lo habitual, el fascismo era demasiado tabú (sólo Eskorbuto le echaron cojones con su "Los demenciales chicos acelerados" y pocos encajaron bien la pretendida broma... quizás ese era el objetivo)... Pero, ¿lo soviético? Eso no hacía daño y la uniformización (en artwork, me refiero) siempre ha cautivado... no sólo a los Esplendor Geométrico, también hablamos de los muy punk KGB o TNT. ¿Y esto a qué viene? ¡Pues a que hay que seguir inquietos, que quedan muchas maravillas pasadas por descubrir! ¿Pink Floyd? ¡Me la chupas y me voy!